viernes, 16 de marzo de 2012

Los indignados de Islandia


[OPINIÓN PERSONAL]

¿Por qué funcionó en Islandia?

Porque los políticos se cagaron en las patas.

Si no estás de acuerdo, salí y quejate.

[NOTA ORIGINAL EN ABC.ES]


Desde el pasado día 20, la efigie de Jaime I, el conquistador, en Palma de Mallorca cabalga pétreamente con un banderón islandés en la mano. La multitud congregada en ese lugar, la plaza de España, colgó el pendón tras rebautizar la plaza en honor a Islandia. Al mismo tiempo, en Sevilla agitaban enseñas de la pequeña república nórdica. Y la Puerta del Sol se animaba al canto de: «España en pie, una Islandia es» o «de mayor quiero ser islandés».

Ni la plaza Tahrir ni el mayo del 68, sino el Reikiavik de 2009 es lo que inspira a los que tomaron las principales calles de España. Los islandeses, una nación con tantos habitantes como La Rioja (320.000), zarandearon pacíficamente durante dieciséis semanas su capital hasta tumbar al gobierno que les llevó a la bancarrota. Los mismos islandeses que este verano verán el borrador de una Constitución redactada por 25 ciudadanos, que juzgan a banqueros y que se negaron a pagar la deuda extranjera que adquirieron sus bancos.

Tras el desalojo violento de la acampada de Barcelona, el bastión de la Puerta del Sol convocó una manifestación con flores. Debe de estar en algún manual: todas las protestas islandesas fueron pacíficas, salvo una algarada aislada que obligó a la Policía a usar, por primera vez en 40 años, los efectivos antidisturbios. Al día siguiente, los islandeses se manifestaron ofreciendo flores a la Policía. Lo épico es que aquella revolución comenzó un sábado de octubre de 2008 con cincuenta amigos en la plaza de Austurvöllur, frente al Parlamento, haciendo ruido con cacerolas y bailando. «Nos preguntaban qué pasaba. Parece increíble pero los islandeses no sabían manifestarse y les tuvimos que enseñar», declara a ABC Hördur Torfason, el cabecilla de aquel movimiento. Meses más tarde, esa plaza reventaba con 7.000 almas al grito de «Vanhaef ríkisjórn!» («¡gobierno incompetente!»). Dos días más tarde, el gobierno dimitía.
Torfason es el autor de ese guión revolucionario en el que se miran los acampados españoles. Hasta su estudio y refugio en Reikiavik, a 3.000 kilómetros al norte de Madrid, llega el bullicio de la acampada. Cantautor con más de una veintena de discos publicados y poeta, sigue por internet la «Spanish Revolution». «Es impresionante», dice. «Protestar es sencillo, pero efímero; lo complicado es permanecer», afirma. «Creo que en España el espíritu de descontento con la clase política es el mismo que hubo aquí. No confiábamos en los sindicatos, tampoco en el gobierno ni en los políticos porque esa gente no hizo su trabajo», confiesa.
Pero lo que convierte una protesta en revolución es el éxito. Dar la vuelta a la tortilla. Hördur insiste en que el principal ingrediente es que sea pacífica. Después, toca ser creativo. «Lo que hace mucha gente mal cuando protesta es tratar de imponer su idea. Ir a la plaza, levantar el puño y gritar que mi idea es mejor que la de otros: ese tiempo pasó. El éxito está en tener objetivos claros, sencillos, y aunar a los diferentes», argumenta.

«Typical revolution»

El gran lastre del 15-M era —hasta el sábado— la embrollada macedonia de peticiones, la incapacidad de acuerdo que hacía que a «Spanish Revolution» tuviese que precederle el adjetivo «typical». «Nuestras demandas eran tres: la dimisión del gobierno, la reforma constitucional y limpiar cargos en el banco central. De otra manera, si el mensaje no es claro, el beneficio es para los políticos, que sólo ven posibles votos», explica Torfason.

No obstante, el cabecilla islandés concede que es muy difícil clonar la experiencia de su país en España. Islandia acababa de vivir un cataclismo económico: los tres bancos principales en quiebra y nacionalizados, la bolsa se hundió más del 70% y la corona islandesa redujo su valor a la mitad. «Han pasado dos años y mejoramos porque reaccionamos a tiempo. Aunque el Parlamento sigue siendo un jardín de infancia, y están los mismos políticos, ahora respetan más a los ciudadanos. En España, estáis empezando algo ahora… ».

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