jueves, 8 de marzo de 2012

10 novelas sobre el fin del mundo


[NOTA ORIGINAL EN CUASAR]

Entre los sesenta y pico de libros sobre el fin del mundo que hay en mis estantes se pueden encontrar títulos tanto famosos (La carretera de Cormac McCarthy) como oscuros (El jardín de infancia de Geoff Ryman), así como también clásicos (La guerra de los mundos de H. G. Wells) y obras recientes (Things We Didn't See Coming de Steven Amsterdam), o perturbadoramente plausibles (World Made by Hand de James Howard Kunstler) y magníficamente improbables (The Children's Hospital de Chris Adrian). La siguiente selección, ordenada alfabéticamente por autor, es de las diez novelas cuyas visiones del apocalipsis me resultan las más difíciles de dejar de lado:


1. El mundo de cristal de J. G. Ballard (apocalipsis por supersaturación): Ballard fue el principal poeta del apocalipsis del siglo veinte, el escritor que provocó la mayor densidad y la belleza más perturbadora al tema. Sus cuentos representan lo mejor de su obra, y hay muchos relatos inquietantes de destrucción entre ellos. Sin embargo, cada una de sus primeras cuatro novelas es una investigación ardorosa del desastre planetario, el mundo arrasado por el viento, el agua, la sequía y —en ésta, la más envenenada y cautivadora de las cuatro— por un extraño proceso de cristalización que convierte todo en deslumbrantes gemas transparentes. 

2. La guerra con las salamandras de Karel Capek (apocalipsis por salamandras): Capek es bien conocido en los círculos de la ciencia-ficción por acuñar la palabra “robot” en su obra teatral R.U.R. (Rossum's Universal Robots), pero este libro es la obra maestra del novelista checo, una historia sobre la explotación del hombre sobre una raza de anfibios inteligentes que vive en el mar con el objetivo del cultivar perlas y hacer hidroingeniería. El tono satírico de las primeras páginas de la novela toma un giro más oscuro cuando los llamados “tritones” descubren su propia humanidad y, a través de ella, la capacidad de volver la crueldad contra nosotros.


3. Los genocidas de Thomas M. Disch (apocalipsis por agricultura): ésta podría ser la novela más pesimista que conozco, pero, por Dios, qué poderosa: una historia despojada y mordaz sobre la extinción y el fanatismo religioso que sigue a la siembra de la Tierra con una gruesa alfombra de plantas colosales por monocultivistas alienígenas. El humor del libro sobre la sombría extinción está perfectamente ejemplificado por su epígrafe, de Jeremías 8:20: “Pasó la cosecha, terminó el verano, ¡y nosotros no hemos sido salvados!”.

4. The Gone-Away World de Nick Harkaway (apocalipsis por desinformación): para mí, la primera novela de Harkaway es el libro más sencillamente entretenido de los últimos años: un divertimento apocalíptico y épico que se revuelca por un mundo en el cual las bombas de “lárgate” han despojado a la mayor parte de la materia del planeta de su información y dejado en su lugar una sopa plásmica flotante a la que se le puede dar forma a través del pensamiento humano. Hay un toque de Douglas Adams aquí, y también de Thomas Pynchon, pero la inventiva y el tono lúdico recuerdan en primer lugar a las novelas iniciales de Neal Stephenson.

5. La amante de Wittgenstein de David Markson (apocalipsis por soledad): novelistas tan distintos como David Foster Wallace, Ann Beattie y Lauren Groff han celebrado a Markson como uno de sus guías, señalando su compasión mordaz, arriesgada e ingeniosa. La amante de Wittgenstein es su libro más celebrado, el más triste y, también —a mi juicio—, el más satisfactorio, un monólogo narrado en estallidos de flashes de banalidades y recuerdos por una mujer que cree que es la última persona sobre la tierra. 


6. El mundo invertido, de Christopher Priest (apocalipsis por matemáticas): a la distancia de un cuarto de siglo, Priest parece el nombre más sorprendente en la antología inaugural de los “mejores novelistas jóvenes británicos” de la revista Granta —la famosa, de 1983, que incluyó a Salman Rushdie, Martin Amis e Ian McEwan— puesto que la mayor parte de su obra temprana fue ciencia-ficción. En esta diestramente escrita novela de ciencia-ficción dura, el Armagedón está confinado a una única comunidad, ciudad Tierra, que está atrapada en el interior-exterior de una esfera y debe moverse por el mundo sobre rieles, no sea que se atenúe el campo de gravedad que se arrastra con ella. 

7. Ensayo sobre la ceguera de José Saramago (apocalipsis por ceguera): la versión de Saramago del colapso moral que sigue a una epidemia de “ceguera blanca” arroja una delgada niebla de fantasía sobre las crónicas muy reales del mundo y su degeneración social en el despertar de un desastre, desde las inundaciones en Bangladesh a los terremotos en Haití. A veces, las páginas parecen abalanzarse en una cascada interminable de crueldad, degradación y abuso, pero la historia es rescatada por la claridad con la que Saramago ve en los corazones de sus personajes, y por la creciente tensión de los hechos. 


8. Meanwhile de Jason Shiga (apocalipsis por Killitron 2000): esta novela gráfica para lectores jóvenes toma la forma de un relato de elige tu propia aventura, con paneles que se retuercen y viajan en todas las direcciones, siguiendo recorridos hacia páginas posteriores o anteriores. El relato que presenta Shiga, de viaje en el tiempo, transferencia de memoria, helado y física cuántica, es diferente a todo lo que he visto en el formato: una diversión enloquecida hasta que comprendes de qué va, cuando se hace bastante melancólica y desconcertante.

9. La cuna del gato de Kurt Vonnegut (apocalipsis por estupidez humana): los ’60 marcaron la cumbre artística de Vonnegut: cuatro de los cinco libros que publicó fueron obras maestras tragicómicas, cínicas y encantadoras, siendo Dios lo bendiga, Mr. Rosewater la excepción. Incluida entre estos diamantes está La cuna del gato, mi favorita de todas sus novelas, que cuenta la historia de cómo se acaba el mundo luego de la invención del “Hielo Nueve”, una sustancia que provoca que el agua se solidifique a los 45º. La otra gran contribución del libro a la obra de Vonnegut es el bokononismo, una religión que predica la santidad de las mentiras inocentes.


10. El día de los trífidos, de John Wyndham (apocalipsis por botánica): la clásica novela catástrofe de Wyndham, que anticipa todo desde La danza de la muerte de Stephen King hasta la película 28 Days Later, comienza así: 

“Cuando un día que usted sabe que es miércoles comienza como si fuese domingo, algo anda muy mal en alguna parte”. La historia que sigue inquiere en qué llevará a la raza humana a un final más rápido: su propio salvajismo después de que todos salvo unos pocos hayan sido cegados por la aparición de un meteorito o una invasiva especie de plantas venenosas, los trífidos, muy letales porque son ambulatorias. 

Y aquí, para que no falte, hay un último libro, que quedó afuera de la lista sólo porque no es una novela: National Anthem de Kevin Prufer (apocalipsis por encabalgamiento): ésta es la única (buena) colección de poesía postapocalíptica que conozco. Aquí no hay manos elevándose desde el suelo, ni artimañas de películas de horror, pero aún los poemas más naturalistas parecen tocados con una terrible decadencia, como si todo estuviera sucediendo después de que el mundo se hubiera hecho pedazos. Las líneas de apertura de “We Wanted to Find America” son representativas del tono del libro de aterradora elegía:
Quisimos encontrar América entre los jadeos de la nieve que caía como ángeles del último siglo

Y los caballos famélicos, sus patas quebradizas con hielo
Y la luna en lo lato su brillante torre de perforación, y los pobres ardiendo tan bellamente en los yacimientos de petróleo

Mientras manejamos, sus gritos iluminan el viento con gemidos
Y tú dijiste, Esto no es América en la oscura cabina del camión y elevaste el sonido de la radio.


Tit. orig.: Ten great novels of the Apocalypse
© 2010 Kevin Brockmeie

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