martes, 27 de marzo de 2012

¿Y POR CASA COMO ANDAMOS? SOBRE LA ALIANZA ESCUELA-FAMILIA EN EDUCACIÓN


NOTA ORIGINAL EN HOMO EDUCATOR

A partir de una nota publicada este martes 20 de marzo en La Nación: http://www.lanacion.com.ar/1457985-con-la-vuelta-a-clase-los-padres-tienen-cada-vez-mas-deberes retomo una cuestión que me parece tan fundamental como compleja para resolver en la escuela actual: la actuación y presencia de los padres en la vida escolar de sus hijos.

Antes de comenzar a comentar dicho material me siento en la obligación de señalar algunas cuestiones:

1) Familia y escuela son los principales (de excelencia, diría) agentes en la etapa de la socialización básica de los menores. De su trabajo ( cada uno en su "metier" específico o en forma conjunta en aquello que lo requiera), de su ALIANZA dependerá mucho del futuro de estos chicos. Desde ese lugar se hacen tantos pedidos participativos de la familia. Lo digo muy en serio pues creo que no somos conscientes de la implicancia de los primeros años de la vida social y psíquica de un chico en su futuro edcuativo, laboral y humano. Todo lo que construyamos en estos años es abono fértil del futuro. Lo tiene que tener en cuenta el padre a la hora de accionar, pero también las maestras del Nivel Inicial y del primer ciclo de la Educación Primaria y los gestores de políticas educativas que aún no dotan a estos níveles de todas las condiciones necesarias de funcionamiento y existencia.

2) Nadie obliga a ningún padre a elegir determinado colegio. Si una familia opta por una institución en particular lo hace porque va a adherir al núcleo fundamental de propuestas que haga y no va a intentar modificar la identidad escolar de la misma "a piacere" de ciertos estilos personales o familiares. Hay una solución a todo esto: si un padre no puede "bancarse" todo lo que demanda un colegio, hay muchos otros diferentes para elegir.

3) Como educador percibo que los alumnos (niños y adolescentes) piden a gritos con sus acciones, gestos, desbordes, risas, llantos, no aprobados y talentos descuidados algo de sus padres y educadores: dos acciones: adultos responsables que caminen a su lado en lo escolar y límites amorosos que los cuiden. Es hora que concretemos ambas acciones para dar respuestas a esos gemidos desarticulados que nos dan nuestros hijos/alumnos

Dicho esto, paso a mechar algunas impresiones sobre los puntos salientes del artículo firmado por Franco Varise (que recomiendo lean en forma completa):


- Que el inicio de las clases implica tiempos traumáticos para muchos padres porque cada vez más tienen que ser "participativos", lo que equivale a decir que la demanda escolar también recae sobre ellos con un calendario con actividades todo el año (campamento de padres en sábado, día de los abuelos, actos de fin de año y clases "abiertas" entre otros).

Tener hijos implica cuidarlos. Como adultos, nosotros estamos más entrenados para sobrellevar siutaciones traumáticas que las que ellos comienzan a desarrollar cada año, por todo ciclo lectivo los encuentra en un momento madurativo diferente. Si somos reflexivos, tenemos buen diálogo con nuestras parejas y sabemos vivir en complementariedad y no en competencia con ellas (sean aquellas con las que convivimos o las ex) podremos organizarnos al respecto: a este encuentro vas vos y a este yo; este cumple lo hago yo y vos vas al próximo, hacemos pool con otra familia y nos turnamos para estar en todo; abuelos y tíos nos puede cubrir en la presencia cuando no podemos de ninguna manera estar o tal vez cada uno puede animarse a pedir el trabajo dos horas cada tanto para elegir estar con el hijo/a en la escuela aunque eso me cueste en el salario, en el hedonismo, ante la mirada que los otros tienen sobre uno o en tener que dejar de hacer algo que sale más fácil como trabajar que para hacer algo que me cuesta más: ser papá o mamá en el ámbito escolar.


- Que los tiempos han cambiado y la escuela ha cambiado reglas de juego: alguien comenta que su madre la llevaba al colegio el primer día y la dejaba ahí hasta que terminaba; ahora son tres días de horarios recortados o cosas por el estilo en la primera semana, y con más de un hijo en distintas salas hay que hacer magia. ¡Y te cobran por todo eso! Que en algunas escuelas existen hasta un mes de adaptación para el chico en el Nivel Inicial cuando los padres lo anotaron tiempo completo. - Que las escuelas hacen pedidos insólitos para las fiestas de cierre del ciclo lectivo en las que algunas instituciones aprovechan para realizar una exhibición de las bondades de la institución. "Debe traer un sombrero blanco de vaquero, pantalón blanco, chaleco blanco y camisa leñadora", pidieron el año pasado en un instituto porteño para la sala de cuatro años. Cuando ambos padres trabajan, una solicitud de estas características equivale casi a escalar el Aconcagua.

Todos sabemos que las instituciones escolares regulan sus horarios y requerimientos. Está perfecto. Los padres eligen escuela, no pueden determinar el modo de funcionamiento de la escuela; eso le compete a sus autoridades. Es parte del orden que les toca poner en su vida. Además es un servicio educativo que se debe cobrar (y muy bien) pues lo privado es una opción de élite frente a lo público que está al alcance natural de todos (mas allá del brtual decaimiento de la educación pública en nuestro país sobre lo que ya hablamos en este blog). La escuela debe cobrar muy bien para así dotar de buenas cosas a los hijos y para pagar muy bien a sus trabajadores (no digo que esto sucede tanto pero debería). No hay que pedir a los colegios que se acomoden a nuestras aspiraciones sino que nosotros debemos colocarnos en función a ellos. Lo pienso como papá de hijas en escuelas privadas y como educador. Si no nos gusta el colegio, nos vamos de ese, a pesar que el nene no tendrá el diploma del colegio donde estuvo el abuelito o la típica medalla que consiguió su mamá. Hay que saber pensar en la mejor opción educativa para el chico: eso a veces implica elegir un colegio acorde a los tiempos que la familia puede dedicar, un colegio acorde a lo que el chico puede aprovechar y no sostener elecciones basadas en aspiraciones socioculturales de las familias y a las que pretenden que respondan las escuelas. Eso sí, a los colegios les cabe un uso racional de todas estas facultades que tiene. No puede dejar de tener en cuenta que al prestar un servicio educativo tiene un cliente a quien cuidar y atender. No debe perder identidad organizacional pero no por eso debe ser abusvia en los pedidos a quienes contrataron sus servicios educativos.


- Que en la puerta de los colegios se suele hablar al respecto y pueden escucharse cosas como ésta: "Uno deja a su hijo en la escuela para que se eduque y, también, reconozcámoslo para disponer de tu vida; ahora te piden cada vez más cosas, te cobran la cuota de útiles para todo el año que no usan nunca y, además, te llenan el calendario de actividades". A esto hay que sumarle las labores típicas de ayudar con las tareas de los chicos y maniobrar con las inflacionarias cuotas mensuales o con los eventuales paros docentes en la escuela pública. Ni hablar de atender los grupos en Facebook o las cadenas de mail autogestionadas por padres y madres entusiastas.

La jabonería de Vieytes existe desde hace mucho tiempo. No es un descubrimiento que lo que se habla en las puertas no es lo mismo que se dice en la escuela. Ante esto, los colegios debemos ser entregados a nuestros alumnos, padres y personal docente para que se sientan libres de decir dentro de las unidades educativas todo lo que piensan sin estar a la defensiva ni agrediendolos. También pudiendo incorporar algunas sugerencias y pudiendo rechazar con mucha elegancia tantas otras. Ahí hay un camino por recorrer en las escuelas y que es sustancial: sin perder sus normas y rasgos identitarios, abrir espacio a la escucha y a la demanda real de los actores para evitar circuitos alternativos y desgastantes que tienen punto culminantes en cadenas de mails hartantes y en las que se van cargando los padres de elementos de quejas varias ( las que pueden incrementarse si el humor personal del día requiere de un lugar de desquite y el mail es como un revolver para eso)hasta perderse el hilo primordial con que empezó la comunicación. Coincido que el entusiasmo de algunos padres debería mantenerse -al menos en intensidad- entre aquellos que poseen la misma inquietud: no hay porque volver loco a todo el mundo o considerar descomprometido al padre que no vota por la ida o no al Zoológico o por la queja por la creciente pérdida de lápices de colores en el curso.

- Que hay padres que perciben que hay una sobreexigencia social para que los chicos hagan actividades todo el tiempo en las que hay que participar para no ser un padre medio chato o mala onda. Entonces si “te invitan a jugar con los chicos o a contar cuentos en un horario laboral... si decís que no podés, te sentís mal porque van todos los otros padres; es como que manejan la culpa"

Ante todo aquello que un padre no puede resolver en forma personal con el diálogo con sus hijos, quedan los recursos de las terapias psicológicas y/o alternativas a las que puedan recurrir en busca de ayuda para sostener ese mito imposible de cumplir que es el que "papá y mamá podrán cubrir siempre las necesidades de los hijos". Más de una vez les fallaremos. No estuve en el último acto escolar de mi hija menor, ni en la última entrega de informe del Nivel Inicial de mi hija mayor por un viaje de placer que decidí hacer solo. Si bien sentí "alguito" de culpa y de "pérdida de espacio ante otros" en ese momento, hoy veo que soy mejor padre por haber concretado ese recorrido que por haber calentado la silla en ambos momentos. Pero no le eché la culpa a la escuela de esa situación.
Desde otro punto de vista, como educador, siempre pienso que el padre que no está es por algo importante y me alegro por todas las veces que son muchos los que están. No hay que juzgar ausencias. Aunque siempre hay que pedir y comprometer al adulto por el bien de sus hijos. Si no se puede estar, confiemos en que cada padre sabrá darle su versión al hijo. El problema es que cuando no puede explicarsele a los chicos eso y se los compensa de cualquier manera que confunde más que aclara.

- Que el inicio del ciclo lectivo ayuda a los grupos familiares a reorganizar sus vidas, pautar horarios y, por qué no, preservar algunos momentos propios. El cambio de rutina este año empezó temprano en febrero para los que adeudaban alguna asignatura (llevarse materias a marzo no existe más). En este contexto, muchos padres todavía no lograron reponerse del otro período traumático (el de fin de año) que ya están en la nueva etapa (el del primer mes de clases). "Los primeros días son un caos porque cuesta levantarse y salir corriendo; igual mi hijo se llevó materias, así que nunca descansamos porque estuvimos pendientes desde principios de febrero"

A veces hay que poder asumir que es poco el tiempo que tenemos libre. En ese sentido hay que sacarle el jugo a las cosas. También pensar en algo que nos enseño el ahorro: ¿si hubiéramos estado atentos y participativos díariamente en las presencias escolares, en los deberes escolares de nuestros hijos y en la regulación de sus espacios de distracción y dispersión (redes sociales, salidas de fin de semana que en niños implican horarios desajustados y en los adolescentes programas con consumos de sustancias inadecuadas como alcohol y estupefacientes en una edad que no corresponde, además de las incontables horas de chat, Facebook, Twitter, con agresiones, verborragias descuidadas y pérdida de tiempo para otras tareas), habrían llegado a las instancias de examen de diciembre, febrero y/o a repitencias y fracasos escolares? Linda cuestión para que repensemos y actuemos todos los involucrados al respecto.

Un abrazo
Mauricio

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