martes, 6 de marzo de 2012

Hora de despertar

Podría arrancar diciendo que vivimos en un mundo líquido, parafraseando a Baumant. Un mundo en el que los absolutos van siendo derribados uno a uno. Pero me parece más acertado resaltar que el mundo es híbrido, y por eso parece difícil de interpretar.

Hace poco, aquellos que se postularon como vencedores de la batalla de las ideas declarando la muerte de la historia, debieron reconocer que no había victoria posible en la falsa dicotomía que habían planteado.

Hoy, los supuestos vencedores de otra falsa dicotomía (estado vs privatización), intentan disfrazar el fracaso de sus postulados invirtiendo las culpas del desastre. Así vemos, con fastidio y asombro, una nueva lucha de clases: la del sistema financiero (apoyado en su pata político-policial) contra el resto de la sociedad.

La vieja rencilla entre países centrales (productores de productos manufacturados) y los periféricos (productores de materias primas) se ha atomizado luego de que los capitales, decididos a no compartir su rentabilidad con los obreros de sus propios países (afirmar que el capital tiene una bandera es un poco ridículo, pero lo digo en contexto de la destrucción del estado de bienestar), decidieron ir a la caza de obreros desprotegidos en el mercado global.

Hoy tenemos países productores de materias primas sojuzgados y países productores de productos manufacturados sojuzgados.

Mientras que los países centrales ven detenerse sus economías, heridas de muerte por la ausencia de una masa de consumo, sus "líderes", bajo una impensable ceguera política, se autoconvencen de estar obligados a aplicar(se) las mismas recetas con las que destruyeron a los periféricos.

Los ciudadanos comunes, que ven reducido su estándar de vida a niveles parecidos a los sufridos durante la Segunda Guerra Mundial, han salido a la calle a defender su presente, su futuro y sus ilusiones.

Hay en juego una visión de sociedad que se ha vuelto insostenible, excepto para aquellos que habitan su cúpula: el concepto de mejora continua (eufemismo que esconde la falacia lógica de la ganancia constante, exponencial y sostenida), la profesionalización de la sociedad a través de la industria de servicios, y la participación financiera de todos los estratos sociales a través del mercado accionario. Dicha panacea jamás ocurrió y hoy vemos, con horror, la repetición de las crisis más horrendas de la década del 80, agravadas por el autismo del sector político que debería defender al pueblo.

Por aquellos años los medios masivos de comunicación tuvieron parte activa en la manía privatizadora mundial, desvirtuando la función de contralor del estado y erigiendo las bases del altar a la eficiencia privada (otra falacia lógica: no puede haber eficiencia cuando la finalidad es la obtención de ganancias antes que el nivel de servicio).

Con las mismas herramientas, hoy se intenta erigir la imagen de estados malgastadores, despreocupados, irresponsables. Conste que esta imagen se aplica tanto a Argentina, Venezuela, etc como a España, Inglaterra, etc.

Pero en el medio de la tormenta está LA RED DE REDES, una variable que en los 80/90s no existía.

¿Y qué pasa a través de INTERNET, hoy?

Información pura y simple que contradice lo que vemos en los medios masivos.

Ideas, testimonios, videos sobre la represión, pedidos desesperados de ayuda, llamadas a la acción (como las de Anonymous), notas cuestionables con respecto a su alcance (como ésta), etc.

Ante la conflictividad social, que los poderes financieros creían resuelta a través de la connivencia entre la política (o cierta política) subvencionada y corroída por "aportes de campaña" y la penetración de los medios-multinacionales, el establishment apunta sus cañones y reacciona violentamente: ACTA, SOPA, PIPA, HADOPI y un larguísimo etc.

Siendo "vencidos" en sus intentonas, continúan el sojuzgamiento por otros medios: cercenando la libertad de expresión y de intercambio de cultura y conocimiento, atacando a los usuarios finales y, en la medida de lo posible, a los "lugares" de reunión e intercambio. La idea final es amordazar la protesta hasta silenciarla o, al menos, reducir su alcance.

Si usted aún no se ha percatado de esta tendencia, le sugiero que busque datos en la red. Todavía hay tiempo.

Pero no vale sólo apuntarse a ANONYMOUS y participar de los ataques sin asegurarse, valga la redundancia, el propio anonimato.

Una nueva modalidad, la de enviar pedidos de extradición a través de INTERPOL, le ha permitido a gobiernos restrictivos capturar personas fuera de sus límites geográficos (el caso de los sudamericanos arrestados hace pocos días debería servir como aviso para que utilicemos TODAS las herramientas disponibles para encriptar nuestro tráfico).

No hay seguridades en este conflicto, excepto el número: cuantos más seamos, más podremos hacer. 

Seguro que podemos ganar. 

Pero si la victoria nos resulta esquiva, como dijo uno de los primeros y mejores personajes del cine sintético, al menos perderemos con estilo.




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