miércoles, 21 de marzo de 2012

La Cultura del miedo en un escenario de guerra (Descargar Texto)


[NOTA ORIGINAL EN LA HISTORIA DEL DÍA]

María José Rodríguez Rejas
Rebelión.org

 

“… El ciudadano interioriza la amenaza, la existencia de un enemigo, la violencia, la simbología de guerra, la presencia militar en las calles, etcétera. Incluso el lenguaje es invadido por los códigos de guerra y con todos estos elementos se van conformando una cultura del miedo que será funcionalmente contradictoria…”

1. La refundación cultural conservadora. Más allá del ámbito militar…
Durante los últimos años, el debate sobre las concepciones de seguridad y defensa de Estados Unidos estuvo marcado por el 11-S y la escalada intervencionista que sobrevino. Sin duda, hemos asistido a una  ntensificación de la acciones de guerra y de sus usos tecnológicos. Pero, sin duda también, esta apreciación encubre realidades mucho más profundas y sugerentes desde el plano de la cultura para re-pensar la dinámica de la dominación conservadora en aquellos países de América Latina que están bajo la influencia más próxima –y también más férrea- de Estados Unidos (EU).

Consideramos que la refundación cultural conservadora de nuestros días tiene un componente militar que descansa en el miedo y permea la cultura hasta instalarse en nuestra vida cotidiana. La guerra será sobre todo ideológico-cultural; su dimensión militar se presenta como la más evidente aunque no es la más profunda. En este trabajo queremos abordar dos elementos que consideramos clave para entender este proceso. En primer lugar, el continuismo en las estrategias de contrainsurgencia que caracterizan la política de seguridad de EU en el exterior –aunque también al interior del propio país- y, en particular, la política de Seguridad Hemisférica hacia América Latina. En segundo lugar, el miedo impulsado desde las concepciones de guerra, que se difunden entre la población, convertida en objeto de control social y del que México es una clara muestra en la actualidad.

Las concepciones y estrategias militares, la presencia militar en los noticieros y en las calles, y la propia simbología militar se traducen en referentes que impregnan la cultura, y éste es uno los elementos más efectivos de la dominación. Somos resocializados en una cultura del miedo y la guerra que se sostiene en la institucionalidad y legalidad modificada ad hoc. Así, vamos perdiendo nuestros parámetros de ubicación previos y tenemos que enfrentarnos a la desorientación en una sociedad violenta, y violentada. 
El fenómeno ya se ha presentado en distintos momentos en América Latina, vinculado a las dictaduras militares. Lo que resulta sorprendente es que, actualmente, esta refundación cultural viene revestida de gobiernos democráticoelectorales que legalizan e institucionalizan la militarización; lo que antes nunca se logró. También sorprende nuestra fractura de la memoria que nos impide reconocer el carácter contrainsurgente de esta experiencia, ahora en escala masiva. Nos hemos acostumbrado a vivir en medio de guerras, de una militarización creciente, con muertos, desaparecidos y torturados, con desplazamiento de poblaciones, destrucción de territorios y recursos, con mercenarios de la guerra… Lejos del imaginario de paz y democracia con que se asoció el siglo XXI, estamos asistiendo a la internacionalización del miedo, de la impunidad y de la tortura. Irak o Afganistán son un ejemplo de territorios desangrados y rotos, así como México o Colombia lo son en América Latina.

Este trabajo está centrado en las trayectorias de la dominación. El  complemento necesario pasaría por un análisis de las respuestas alternativas –que, sin duda, son muchas y creativas- así como por la recomposición de la geopolítica latinoamericana del sur. Las limitaciones de espacio y tiempo, posponen esa tarea para otro momento. También aspiramos al intercambio de ideas por encima de las certezas; no pretendemos convencer al lector sino motivarlo a que intercambiemos reflexiones, tan necesarias para entender nuestro tiempo y para tejer una cultura de liberación y vida frente al miedo y la muerte que nos rodea.

Iniciaremos con algunas reflexiones sobre el papel del miedo y la guerra  como mecanismos de control social. A continuación, haremos un recuento de los lineamientos y concepciones de seguridad de Estados Unidos; en particular su proyección hacia América Latina y su carácter contrainsurgente, donde el miedo es parte de una estrategia permanente que se ha ido ajustando a las especificidades socioculturales y temporales. Finalmente, analizaremos la presencia de algunos de estos elementos en la cultura del miedo y la guerra que se va construyendo en el México de hoy. 

2. Mirando el presente:  la necesidad de cultivar el miedo al “otro” en una cultura de guerra No hay guerra, ni violencia, sin un “otro” amenazante (Delumeau, 2002). Todo escenario de desestabilización y guerra requiere tanto de una justificación como de mecanismos de control social que la hagan aceptable; lo que también sería cierto a la inversa, los mecanismos de control social más efectivos se dan en escenarios de guerra –baste recordar las experiencias del nazismo, del fascismo o de las dictaduras militares en América Latina-.

La amenaza se transforma en una sensación de inseguridad ante el “otro” que desata el miedo (Kessler, 2009; Nievas, 2010). El ciudadano promedio va a demandar el restablecimiento de condiciones de seguridad aunque ello conlleve, incluso, aceptar la violencia del Estado. Se construye así la imagen de una violencia positiva frente a la violencia negativa del “otro” amenazante, que pasará a la condición de enemigo. La guerra contra Afganistán o Irak son un ejemplo.

El ciudadano interioriza la amenaza, la existencia de un enemigo, la violencia, la simbología de guerra, la presencia militar en las calles, etcétera. Incluso el lenguaje es invadido por los códigos de guerra y con todos estos elementos se van conformando una cultura del miedo que será funcionalmente contradictoria.

Por un lado, rompe nuestros parámetros de referencia y nos deja como barcos a la deriva, confundidos, condenados a deambular sin proyecto. Por otro, la adaptación a este contexto nos va haciendo cada vez más conservadores. La crítica y la reflexión ética quedan relegadas a un segundo plano ante la percepción de la gravedad de la amenaza. El mundo de vida queda subsumido en una dualidad simplificadora: amigos y enemigos, buenos y malos, “nosotros” y los “otros”. La propaganda gubernamental se encargará de difundir en los medios de comunicación, las imágenes, los rostros y la narrativa desde la que esa realidad será nombrada. Las manifestaciones cotidianas del cambio cultural irán desde sobre-reacciones violentas en conflictos sociales menores (en el tráfico, con los vecinos, etcétera), que serán proporcionales al nivel de temor, hasta la aceptación de portar armas o las acciones de autodefensa. Estas formas de hacer en el mundo y de relacionarnos, transforman la cultura a la par que ésta contendrá los códigos para reproducir la violencia y destruir el tejido social, en los que vamos siendo re-socializados. El miedo se convertirá en la fuente de alimentación de esta espiral (…)

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...