jueves, 29 de marzo de 2012

¿Libros sí o no?



OPINIÓN PERSONAL

En los últimos días estuve escuchando y leyendo una cantidad importante de opiniones sobre las nuevas restricciones (en realidad, una normativa de 2010) a las importaciones mayoristas de libros.

Debo admitir que me equivoqué tangencialmente en mi apreciación, puesto que puse el enfoque en el perjuicio que esas restricciones podían ocasionarle a una iniciativa que me resulta querida: la revista Orsai, que se imprime en España y que, creía, se veía afectada por estas disposiciones.

Así las cosas, propuse y defendí posiciones estrictamente desde el punto de vista de hasta dónde era posible sostener el modelo de negocio de Orsai con restricciones similares en el resto de los países de América Latina

Muchos de los que ojean este blog no me conocen, pero quien sí lo hace sabe que soy un lector voraz. Por algo me compré un lector de libros digitales y tengo tal cantidad de epubs, que no me alcanzaría el tiempo para leerlos ni aunque sólo me dedicase a eso el resto de mi vida. Además, tengo 400 libros en papel amontonados en las bibliotecas de mi casa. Tristemente, debo reconocer que a varios nunca los terminé de leer.

Hace un tiempo me volqué a la cosa ésta de la Cultura Libre (lo que sea que signifique en este punto). Entonces, prefiero apoyar a las publicaciones independientes (cómo AXXÓN, CUÁSAR, ORSAI, PRÓXIMA, etc), porque estoy convencido de que el "mercado" editorial es una mierda.

Conté mil veces la anécdota del libro de historia que me quería comprar. Valía $700 porque era una edición de lujo apuntada a coleccionistas e historiadores (porque (sic) no había demanda para una edición de bolsillo) que, encima, estaba impreso en Polonia.

Pintan un montón de preguntas frente a un libro de "alta calidad" impreso en Polonia. Por todo eso no voy a contar la anécdota de nuevo.

Siempre tuve la fortuna de relacionarme con gente a la que le gustaba leer. Después vino la escritura pero ya me estoy anticipando. La cosa es que siempre presté y pedí prestados libros. Descubrí autores increíbles en charlas de café matutino. Inicié a (mucha) gente en los misterios de Chandler. Me regalaron (bocha de) libros para el día del amigo. También los regalé yo. Los ví impresos en tardes de laburo sin jefes. Incluso leí y vi leer libros en monitores de fósforo verde, con un horrible texto genérico.

Me considero un sabedor de lo que es la lectura y puedo decir, con cierto conocimiento de causa, que una restricción a las (mega)importaciones de libros, basada en el porcentaje de plomo de la tinta, no me impedirá leer.

Hoy día, el mercado editorial (hablo del argentino) tiene bastante acotadas las ofertas. Me refiero a la variedad, posta. Y si queremos hablar de libros en otros idiomas, como pude leer en un diario, bueno, creo que excepto las personas que se dedican a profesiones especializadas (y que espero sinceramente no vean afectadas sus actividades), conozco sólo a 2 personas (dos) que leen y compran libros en otro idioma que no sean el castellano.

Hablo de libros y no de revistas. Y no estoy metiendo en el medio a los coleccionistas.

¿Por qué, entonces, algunos repiten que se busca fomentar la falta de cultura prohibiendo la importación de libros?

No hace falta ser demasiado instruído para notar que esto es una falacia. Incluso podemos desechar esta argumentación y plantearlo de este modo:

¿Es posible prohibir la cultura en nuestra actualidad digital?

La respuesta que daría los gobiernos de EE.UU, CHINA, INGLATERRA (entre otros) es que sí. Pero les puedo asegurar que no tiene sentido y que toda (o la mayoría) restricción es vulnerable de ser vulnerada, valga la redundancia.

Copio el testimonio del editor de CUÁSAR, una revista (en papel) que supo sortear las adversidades de los años noventas:

Hace tres años, Ediciones Cuásar dejó de distribuir sus libros en España porque comenzaron a aparecer trabas: complicaron los trámites de ingreso, había que pagar más al despachante, los paquetes tenían que ser más chicos. Incluso nos devolvieron paquetes sin entregar, porque sí. Entonces, decidimos no enviar más libros en cantidades importantes. A los que hoy se rasgan las vestiduras porque se le ponen controles a las importaciones mayoristas de libros y publicaciones, diciendo que hay censura, control ideológico y no sé cuántas sandeces más, les digo sólo una cosa: los buenos libros nos hacen pensar, reflexionar y tener criterios. Empiecen a aplicar esto y no se dejen llevar por las narices por cualquiera.

¿Los españoles, desde hace 3 años, también desean imponer imponer la ignorancia o, ponele, un control ideológico sobre lo que se lee en su país?

Como dije hace unos días: estará mal instrumentado. Una vez que se corrijan estas giladas, la medida debería ser positiva. Pero esto es una apreciación personal, relacionada con mi odio a las grandes editoriales así que les doy el permiso de desecharla si así lo desean.

Por último, y teniendo en cuenta cosas como ésta y ésta que, curiosamente, no se publicaron en CLARÍN, ¿no sería mejor que los defensores de la cultura se preocupasen por defenderla en su totalidad, y no en parcialidades ideológicas?

Ahora putéenme todo lo que quieran. Me despido con una frase de Ricardo Piglia:

En ese universo saturado de libros, donde todo está escrito, sólo se puede releer, leer de otro modo. Por eso, una de las claves de ese lector inventado por Borges esa es la libertad en el uso de los textos, la disposición a leer según su interés y su necsidad. Cierta arbitrariedad, cierta inclinación a leer mal, a leer fuera de lugar, a relacionar series imposibles.


NOTAS ORIGINALES EN LA NACION, CLARIN, FORTUNAWEB y ÁMBITO FINANCIERO



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