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lunes, 24 de septiembre de 2012

Un editor de eBooks en ePub con el apoyo del Ministerio de Educación

[NOTA ORIGINAL EN YAHOO.COM]

MADRID, 24 (Portaltic/EP)

BubokWriter (http://bubokwriter.com) es una herramienta gratuita que permite crear libros electrónicos en formato ePub, el estándar que se adapta a los diferentes tamaños de las pantallas de los múltiples lectores de libros electrónicos del mercado, entre ellos el iPad, iPhone, Kindle o el Papyre.

Esta herramienta ha sido desarrollada en España con el apoyo del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Desde la compañía Bubok aseguran que la aplicación de es muy sencilla, ya que permite escribir directamente el libro en la propia plataforma web o en un editor de texto cualquiera -donde también podemos agregar imágenes- que luego se pueden importar.

Además, al finalizar el libro, la plataforma permite publicarlos y venderlos a través de Bubok. De esta forma, a partir de ahora los escritores pueden publicar libro electrónico en Bubok no solo en formato pdf, sino también en ePub ampliando así las posibilidades de lectura. También podrán, como era habitual en Bubok con los libros electrónicos, elegir el precio que ponen a su e-book en formato epub o si deciden regalarlo.

La compañía Bubok ha anunciado esta herramienta al mismo tiempo que novedades en formato físico. La principal es que a partir de este mes se incorpora la posibilidad en Bubok de publicar y vender bajo demanda libros con tapa dura, ya que hasta el momento sólo se ofrecía la tapa blanda.

Por último, Bubok, que se encuentra ya en siete países (España, México, Argentina, Suecia, Portugal, Reino Unido y Colombia), permite desde este mes que los libros publicados en un país se publiquen automáticamente en el resto con un solo clic.
Hasta la fecha, un autor que publicaba su libro en España, si quería publicarlo también en Bubok México, por ejemplo, tenía que volverlo a publicar a través de la web de Bubok en este país. De esta forma, los libros se puedes vender de forma sencilla en otros países con el mismo idioma. En cuanto al precio, se realiza automáticamente una conversión de la moneda, aunque el autor también puede fijar precios distintos según los países.



lunes, 3 de septiembre de 2012

Calibre 0.8.67 (nueva versión)

[NOTA ORIGINAL EN UBUNTU TIPS]


Calibre es un gestor y organizador de libros electrónicos, que permite la conversión de los formatos de archivos para libros electrónicos más utilizados.

Está programado en los lenguajes Python y C, y es multiplataforma, ya que permite ser ejecutado en GNU/Linux, Mac OS X y Microsoft Windows.

Calibre 0.8.63

sudo add-apt-repository ppa:n-muench/calibre
sudo apt-get update
sudo apt-get install calibre

domingo, 26 de agosto de 2012

Liberando libros

Un muy buen sitio para conseguir aquellos libros que queremos leer y no encontramos en papel. Los que no se reeditaron, los que nunca se editaron en el país, etc.




Date una vuelta y después contanos.

Fuentes:
Varios

miércoles, 30 de mayo de 2012

La digital intimidad de los libros


[NOTA ORIGINAL EN Ñ]

En vez de asfixiarlas y empujarlas a la extinción, la red y las herramientas digitales les dieron un nuevo impulso a las pequeñas editoriales. Como dice el autor de esta nota, las transformaron en emprendimientos pasionales.

POR Rafael Cippolini 

No exageramos al señalar que el mayor porcentaje de la mejor literatura que leemos en nuestros días proviene de editoriales cuyo staff permanente ronda las cinco personas. Incluso menos. Y que sus catálogos no superan la docena anual de títulos. Sólo en nuestro país, basta con nombrar las producciones de La Bestia Equilátera, Caja Negra, Mansalva, Mardulce, Blatt & Ríos, Eterna Cadencia y Entropía, aunque afortunadamente son muchas más. Y no se trata solamente de “otro segmento de mercado” en el sentido económico, sino de un ecosistema libresco diferente al que conocíamos hace veinte años. Un dato clave es que todas estas editoriales son un reflejo –incluso involuntario– de la Era Web.

Mientas seguimos asistiendo al cada vez más envejecido debate sobre el futuro del libro (ediciones en papel compitiendo con cada vez más sofisticadas versiones digitales de e-books), poca reflexión encontramos disponible sobre los modos en que Internet sigue impactando en los modos en que se fabrican y consumen los libros en papel.

Por supuesto, es un fenómeno global y de época. En su última visita al país, Jacobo Siruela, creador de la editorial que lleva su apellido, narró cómo la red y las herramientas digitales posibilitaron que su trabajo ganara no sólo en precisión sino en intimidad. “La editorial la conformamos únicamente mi mujer, una secretaria y yo. Y cada uno de nuestros títulos –diez por año– los realizamos íntegramente desde nuestra casa de Ampurdán, a 96 km de Barcelona”.

En las cifras encontramos las claves. Las tecnologías digitales lo multiplican todo con extremada facilidad, pero al mismo tiempo provocan e inspiran situaciones como las que nos ocupan: la conciencia de publicar menos y mejor, de poseer un mayor control y arriesgarse con obras que ningún grupo editorial ficharía por antieconómicas.

Se ha glosado y mucho la teoría de Chris Anderson, editor de la revista Wired, conocida con el nombre de The Long Tail (que traducimos como la larga cola). En 2004, Anderson señalaba que las tendencias del mercado editorial, acusando el impacto de la web, indicaban que resultaba cada vez más rentable publicar una gran cantidad de títulos en tiradas pequeñas que unos pocos en grandes tiradas. Es claro que los best-séllers gozan de buena salud, pero no es menos cierto que un nuevo tipo de editorialidad gana más y más espacio. Y no nos referimos sólo a nuevos títulos y nuevos autores, ya que todas las editoriales citadas rescataron un número jamás menor de obras agotadas, inéditas en castellano, olvidadas y de autores tan consagrados como célebres.

Las bibliotecas que definen estas editoriales dan muestras de conocer muy bien las tradiciones, al punto de realimentarlas aportando elementos para cotejo y crítica. Si de cierto modo su intimidad las emparenta a las clásicas editoriales de poesía, el tipo de lector que parecen perseguir –invariablemente informado– quizás revele otro tipo de endogamia.

Siguen siendo masivamente habituales las quejas por los contenidos de la Web y la gigantesca cantidad de basura que alimenta sus tráficos. No curiosamente, estas editoriales que se vienen alimentando con los beneficios de las tecnologías digitales que Internet aglutina y disemina, resultan indiscutiblemente cuidadas. Agrego otro calificativo, a riesgo de cursilería: son emprendimientos pasionales. Pensemos en Pequeño Editor, en Editorial Común, o en El Gourmet Musical, abriéndonos a otros géneros. Son catálogos de fans.

Sería sencillo argumentar que al viejo y noble oficio de imprimir libros (una persistencia de más de cinco siglos) se le ha inoculado una dinámica tecnológicamente aggiornada como lo es la digital. Creo que sería desfocalizar el punto. En 2010, Alejandro Piscitelli llevó adelante el seminario “¿El Paréntesis Gutenberg?: La conversión digital como proceso”, que disparó la pregunta ¿los 500 años de historia de texto impreso que tenemos o tuvimos no habrán sido otra cosa que un mero paréntesis entre el mundo oral de casi toda la historia? Alimentados por esta intriga resulta más sencillo sortear el facilismo de describir la peculiaridad de las editoriales que nos convocan como mera continuidad “en tiempos de digitalidad” de emprendimientos independientes como en su época lo fueron –y en algunos casos lo siguen siendo– ediciones como las de Jorge Alvarez, Argonauta o Biblos. Recordemos que a mediados de los 90, cuando en Buenos Aires recién despuntaban los primerísimos cibercafés, La Marca Editora proveía a sus clientes de un kit de navegación para Internet.

A veces se olvida que el libro también es una tecnología y como tal cumple un rol histórico. Pero esto no significa, de ningún modo, que los desarrollos digitales provean invariablemente de soluciones y revocaciones inmediatas. El pasaje, para ganancia de todos, es más complejo. La cultura digital muy lejos está del mero reemplazo de un hardware o un software. Por el contrario implica toda una serie de reacomodamientos culturales que de modo alguno pueden diagnosticarse a priori .
Blanchot nos enseñó que un libro no sólo es un conjunto de hojas impresas entre dos tapas, sino uno de los formatos en los que concebimos nuestros modos de entender y analizar nuestros entornos y auscultar las formas en que aprendemos. Todavía un libro es bastante más que un mero soporte de datos. Mallarmé supo decir que “el mundo existe para llegar a un bello libro”. Como toda tecnología, antes que nada el libro está en nuestras cabezas, en el modo en que utilizamos nuestros sentidos. McLuhan lo supo mejor que nadie.

Cada vez resulta más claro que la Web elimina lo superfluo del mundo editorial y que redefine sólo un sector de las impresiones tradicionales, mientras que por el contrario facilita e impulsa las que sospechamos más necesarias. Mucho más interesante que profetizar sobre el futuro del libro debería ser preguntarnos qué significa hoy ser un lector. En qué nos parecemos o diferenciamos de otro lector de hace cincuenta años.

Al fin de cuentas, los malos lectores no son un invento de esta época y ágrafos, como sabemos, hubo siempre.

 

sábado, 5 de mayo de 2012

La batalla de los libros



[NOTA ORIGINAL EN EL PAÍS]

El niño que vendía palabras, bellísimo libro del escritor brasileño Ignacio de Loyola Brandão, narra la historia de un pequeño, orgulloso de su padre culto, inteligente y dueño de una vastísima biblioteca. Sus amigos recurren a él cuando quieren saber el significado de alguna palabra compleja: incompatible, epitelio, lunático, pantomima, aburrimiento. Pronto, el niño descubre que puede negociar el significado de las palabras, comenzando un animado comercio lexicográfico a espaldas de su padre. La narrativa de Loyola Brandão es una conmovedora declaración de amor a los libros y al descubrimiento de la lectura en la infancia. Encantarse con el mundo, inventar nuevas realidades, conocer el pasado, imaginar el futuro en un encuentro místico y revelador con la palabra y ese inmenso mundo de los relatos y las teorías, las fábulas y las conjeturas científicas que se amontonan en las bibliotecas. El niño que vendía palabras reafirma aquello que alguna vez dijera Umberto Eco, “una biblioteca es la mejor imitación posible de una mente divina, en la que todo el universo se ve y se comprende al mismo tiempo. Inventamos bibliotecas porque sabemos que carecemos de poderes divinos, pero hacemos todo lo posible para imitarlos”.

Leer libros para leer el mundo. Leer libros para leernos a nosotros mismos como parte de una comunidad que se inventa, día a día, gracias al extraordinario poder de la palabra.

LIBROS - PALAVRAS

Pensaba en esto cuando me deparé con los resultados de una encuesta realizada por la Birmingham Science City y divulgada por la BBC: 54% de los niños ingleses, cuando tienen una duda o inquietud, recurren a Google o a otros buscadores. Sólo 3% consultan a sus docentes y 26% a sus padres. Casi la mitad de los niños encuestados nunca ha utilizado una enciclopedia impresa y la quinta parte nunca ha visto siquiera un diccionario.

Esa misma noche, elegía con mi hija Camila un libro para leer juntos antes de irnos a dormir. Quiero éste – me dijo, escogiendo Corb, la frustrada historia de un cuervo que quiere cambiar de color de sus plumas negras para ganar amigos. ¿En qué está? – me preguntó, haciendo referencia al idioma del texto. En catalán – le respondí. (Aunque sólo tiene dos años, las variaciones lingüísticas son para Camila algo bastante habitual: vive en Brasil, tiene una familia argentina, una abuela alemana y una buena cantidad de libros que recibe como regalo de nuestros amigos extranjeros o como recuerdo de nuestros viajes al exterior). Me lo pones en portugués, papi – agregó.

La encuesta inglesa y el pedido de Camila me hacían pensar en la pertinencia del mensaje esperanzador que pretende transmitir el relato de Loyola Brandão.

La enorme fuerza persuasiva que posee la internet entre niños y jóvenes, interpela a los padres y los educadores. Aunque sería precipitado afirmar que Google socava su autoridad, al menos, pone en evidencia su indiscutible fragilidad. Mantener la atención, ganar la confianza o concitar el interés de los niños y los jóvenes dentro o fuera de la escuela, nunca fue una tarea fácil. Contra quiénes competían nuestros padres y docentes algunos años atrás, sería un tema discutible. Hoy, lo hacen contra la atracción que concitan las tecnologías electrónicas y la red mundial de ordenadores que conocemos como internet.

Quizás el problema sea más amplio y no sólo los pequeños consultan Google cuando tienen alguna duda. También, claro, lo hacen los adultos. No me extrañaría que los padres de esos mismos niños ingleses, cuando quieren saber algo acerca de sus hijos, también lo buscan en Google.

Sin embargo, el prematuro aprendizaje tecnológico de Camila no deja de sorprenderme. Cambiar de lengua es, en efecto, una propiedad de las nuevas tecnologías que mi pequeña hija aprovecha a diario: cambia el idioma de las películas en la tele y en las que reproduce en el DVD, así como lo cambia en los juegos del IPad. Camila posiblemente imagina que, cuando leemos un libro, lo “ponemos” en la lengua que más nos gusta. Desde su punto de vista: las “letras” se ponen en el idioma de quien realiza la lectura.

No puedo negar que el interés de mi hija por los libros me entusiasma y me llena de orgullo, aunque me inquieta que el avance tecnológico la aleje de los textos impresos. En mi IPAd, que hizo suyo ni bien lo descubrió, tiene libros que se leen “solos” y se “ponen” en el idioma que ella elije con solo pasar el dedo, sin demorar un segundo.

LIBRO - PODER DE LA PALABRA 2

Cinco días después de ser divulgada la encuesta inglesa, un hecho ganó notoriedad en la prensa mundial: la compañía responsable por la producción de la Enciclopedia Británica, anunciaba que dejaría de editar su versión impresa, después de 244 años de fidelidad incondicional al legado del gran Diderot. Internet había vencido la batalla y la más reconocida obra de consulta temática en el mundo se concentraría ahora en la disputa por el espacio virtual dominado por Wikipedia. Sin un cambio drástico en su estrategia comercial, la tiranía del mercado hundiría la célebre Enciclopedia que había vendido 120.000 ejemplares a comienzos de los años 90 y sólo vendía 8.000 dos décadas después.

Algunos especialistas, luego de la divulgación de dicha encuesta, recomendaron la importancia de tener obras de consulta general en casa, evitando así la tentación de recurrir a internet para despejar las dudas o inquietudes familiares. Quién iba a imaginar que, horas más tarde, la Enciclopedia Británica reconocería su derrota impresa de forma tan categórica.

Si la mitad de los niños ingleses nunca ha visto una enciclopedia, ahora quizás jamás la verían.
De los dos grandes inventos que Francia ha legado a la historia universal, las papas fritas y la Enciclopedia, sólo las primeras parecen haber conquistado el corazón del público infanto-juvenil.
Por mi parte, nunca sospeché que la única forma de contrarrestar el poder de la tecnología o el desapego de los niños por la lectura se lograría distribuyendo la Enciclopedia Británica en las escuelas. Sin embargo, al leer la noticia, me invadió una rara desazón. Pensaba que, con la desaparición de esta obra emblemática también desaparecía una forma de estudio e investigación escolar que quizás echaremos de menos, aunque muchas veces la hayamos despreciado.

Hace ya algunas semanas que trato de huir de la tentación de ser uno de los últimos compradores de la edición impresa de la Enciclopedia, aunque más no sea para mostrársela un día a mis hijos y decirles: "esto consultaba vuestro padre cuando tenía una duda en la escuela". O quizás, simplemente, para expresarles con amargura: "esto que ven aquí es un libro". Resulta curioso, pero, aunque nunca hubiera comprado la Enciclopedia Británica, siento su ausencia en mi biblioteca.

La substitución de obras académicas o científicas impresas por libros electrónicos es una tendencia en constante crecimiento en todo el mundo. La nueva encuesta sobre La Penetración del Libro Electrónico en las Bibliotecas Norteamericanas, realizada por el Library Journal y por el School Library Journal, muestra un crecimiento espectacular de este tipo de formato electrónico, lo que permite observar un desplazamiento progresivo del libro impreso, particularmente en las bibliotecas académicas. Entre 2010 y 2011, el número promedio de e-books disponible en las bibliotecas universitarias norteamericanas creció 93%. Sin embargo, la expansión del libro electrónico no se limita a las universidades. El crecimiento de las colecciones de libros de ficción y no ficción en las bibliotecas públicas norteamericanas ha sido también espectacular: 184% entre 2010 y 2011. No deja de ser sorprendente que, según el estudio indicado, la disponibilidad de libros electrónicos ha sido responsable por un aumento promedio de 33% en los usuarios de las bibliotecas escolares. Al mismo tiempo, que los libros electrónicos de literatura clásica aumentaron casi 40% en las bibliotecas públicas norteamericanas en apenas un año.

¿Cuál es el problema de todo esto?

Permítanme aclarar que lo que me preocupa no es, particularmente, que el libro vaya a desaparecer ni, mucho menos, que corran peligro las bibliotecas. Tal como Umberto Eco ha señalado hace casi una década, “los hipertextos volverán obsoletos las enciclopedias y los manuales”. Quizás los editores de la Enciclopedia Británica ya lo sabían. Sin embargo, difícil es imaginar que la humanidad sustituirá definitivamente el papel por los textos virtuales. El debate sobre la probable o improbable desaparición del libro ha sido motivo de diversas controversias. De mi parte, me inclino por coincidir con aquellos que no se asustan ante los cambios tecnológicos y ven éstos como una potencial oportunidad para la ampliación de las diversas formas de producción textual y de creatividad literaria.
El asunto que me preocupa es otro.

LIBROS - palavras 2

Aunque hoy existe un formidable potencial para la divulgación o el acceso al libro, a la información y al conocimiento, también se evidencian enormes riesgos sociales en la dinámica que asume el formato de las innovaciones en curso. En América Latina, así como en las regiones más pobres del planeta, el desigual acceso a las tecnologías y a los lenguajes de la comunicación hipertextual tenderán a ampliar aún más la injusta distribución del saber y los discriminadores mecanismos de monopolización del conocimiento que caracterizan nuestros países.

De manera acelerada, las naciones más pobres del mundo también sufrirán las mutaciones propias de estas nuevas formas de acceso a la información. Si no se toman medidas urgentes, la brecha tecnológica, sumada a la persistente desigualdad social, creará nuevas formas de exclusión educativa que reforzarán la matriz antidemocrática de estas sociedades.

Hasta hace algunos años, la lucha por la democratización del conocimiento suponía una ecuación relativamente simple entre alfabetización funcional, habilidades en la capacidad de lectura y acceso a ciertos bienes simbólicos, como los libros. Aprender los rudimentos de la lengua y facilitar o socializar el acceso a los textos escritos eran identificados dos procesos confluentes e indivisibles. Se trataba de democratizar la palabra, multiplicando las bibliotecas y permitiendo que los más pobres dispongan de obras literarias y científicas en sus casas y sus escuelas. Un desafío que hoy permanece vigente y reafirma su urgencia, ante la deuda social que se acumula bajo un inventario de inequidades educativas que profundizan y amplían la exclusión de las grandes mayorías en Latinoamérica.
Sin embargo, hoy, la lucha por el derecho a la educación no puede limitarse a la aspiración por socializar el acceso a los saberes y conocimientos disponibles en la memoria impresa de la humanidad. Crear oportunidades para que los más pobres puedan apropiarse de las nuevas tecnologías y las nuevas formas de producción y circulación de saberes, constituye uno de los principales desafios para la democratización efectiva de nuestras sociedades.

No creo que haya espacio para la ingenuidad ni para declaraciones apologéticas justificadas en las evidentes ventajas que ofrecen las nuevas tecnologías para el progreso humano. Sin embargo, tampoco creo que una visión apocalíptica o reactiva permita captar la complejidad y el potencial de las oportunidades que hoy se abren en la lucha por la ampliación del derecho a la educación para las grandes mayorías. Socializar el acceso al conocimiento significa socializar el acceso a los dispositivos tecnológicos y a las redes por las que el conocimiento circula. No hacerlo significa seguir negando el derecho de los más pobres a participar y apropiarse de los saberes socialmente acumulados. Reconozco que no porque los pobres tengan acceso a las nuevas tecnologías y a las redes por las que circula la información y el conocimiento, sus condiciones de vida y bienestar mejorarán repentina y mágicamente. Sin embargo, si no lo hacemos, bajo el cínico argumento de que deben haber otras prioridades, sus condiciones de exclusión se harán más complejas y persistentes.
Los períodos en los que se gestan grandes cambios en las formas de producción y circulación del conocimiento son escenarios de silenciosas e intensas luchas. Enfrentarlas del lado de los que siempre han sido negados de su derecho a la palabra, constituye un imperativo democrático.

jueves, 29 de marzo de 2012

¿Libros sí o no?



OPINIÓN PERSONAL

En los últimos días estuve escuchando y leyendo una cantidad importante de opiniones sobre las nuevas restricciones (en realidad, una normativa de 2010) a las importaciones mayoristas de libros.

Debo admitir que me equivoqué tangencialmente en mi apreciación, puesto que puse el enfoque en el perjuicio que esas restricciones podían ocasionarle a una iniciativa que me resulta querida: la revista Orsai, que se imprime en España y que, creía, se veía afectada por estas disposiciones.

Así las cosas, propuse y defendí posiciones estrictamente desde el punto de vista de hasta dónde era posible sostener el modelo de negocio de Orsai con restricciones similares en el resto de los países de América Latina

Muchos de los que ojean este blog no me conocen, pero quien sí lo hace sabe que soy un lector voraz. Por algo me compré un lector de libros digitales y tengo tal cantidad de epubs, que no me alcanzaría el tiempo para leerlos ni aunque sólo me dedicase a eso el resto de mi vida. Además, tengo 400 libros en papel amontonados en las bibliotecas de mi casa. Tristemente, debo reconocer que a varios nunca los terminé de leer.

Hace un tiempo me volqué a la cosa ésta de la Cultura Libre (lo que sea que signifique en este punto). Entonces, prefiero apoyar a las publicaciones independientes (cómo AXXÓN, CUÁSAR, ORSAI, PRÓXIMA, etc), porque estoy convencido de que el "mercado" editorial es una mierda.

Conté mil veces la anécdota del libro de historia que me quería comprar. Valía $700 porque era una edición de lujo apuntada a coleccionistas e historiadores (porque (sic) no había demanda para una edición de bolsillo) que, encima, estaba impreso en Polonia.

Pintan un montón de preguntas frente a un libro de "alta calidad" impreso en Polonia. Por todo eso no voy a contar la anécdota de nuevo.

Siempre tuve la fortuna de relacionarme con gente a la que le gustaba leer. Después vino la escritura pero ya me estoy anticipando. La cosa es que siempre presté y pedí prestados libros. Descubrí autores increíbles en charlas de café matutino. Inicié a (mucha) gente en los misterios de Chandler. Me regalaron (bocha de) libros para el día del amigo. También los regalé yo. Los ví impresos en tardes de laburo sin jefes. Incluso leí y vi leer libros en monitores de fósforo verde, con un horrible texto genérico.

Me considero un sabedor de lo que es la lectura y puedo decir, con cierto conocimiento de causa, que una restricción a las (mega)importaciones de libros, basada en el porcentaje de plomo de la tinta, no me impedirá leer.

Hoy día, el mercado editorial (hablo del argentino) tiene bastante acotadas las ofertas. Me refiero a la variedad, posta. Y si queremos hablar de libros en otros idiomas, como pude leer en un diario, bueno, creo que excepto las personas que se dedican a profesiones especializadas (y que espero sinceramente no vean afectadas sus actividades), conozco sólo a 2 personas (dos) que leen y compran libros en otro idioma que no sean el castellano.

Hablo de libros y no de revistas. Y no estoy metiendo en el medio a los coleccionistas.

¿Por qué, entonces, algunos repiten que se busca fomentar la falta de cultura prohibiendo la importación de libros?

No hace falta ser demasiado instruído para notar que esto es una falacia. Incluso podemos desechar esta argumentación y plantearlo de este modo:

¿Es posible prohibir la cultura en nuestra actualidad digital?

La respuesta que daría los gobiernos de EE.UU, CHINA, INGLATERRA (entre otros) es que sí. Pero les puedo asegurar que no tiene sentido y que toda (o la mayoría) restricción es vulnerable de ser vulnerada, valga la redundancia.

Copio el testimonio del editor de CUÁSAR, una revista (en papel) que supo sortear las adversidades de los años noventas:

Hace tres años, Ediciones Cuásar dejó de distribuir sus libros en España porque comenzaron a aparecer trabas: complicaron los trámites de ingreso, había que pagar más al despachante, los paquetes tenían que ser más chicos. Incluso nos devolvieron paquetes sin entregar, porque sí. Entonces, decidimos no enviar más libros en cantidades importantes. A los que hoy se rasgan las vestiduras porque se le ponen controles a las importaciones mayoristas de libros y publicaciones, diciendo que hay censura, control ideológico y no sé cuántas sandeces más, les digo sólo una cosa: los buenos libros nos hacen pensar, reflexionar y tener criterios. Empiecen a aplicar esto y no se dejen llevar por las narices por cualquiera.

¿Los españoles, desde hace 3 años, también desean imponer imponer la ignorancia o, ponele, un control ideológico sobre lo que se lee en su país?

Como dije hace unos días: estará mal instrumentado. Una vez que se corrijan estas giladas, la medida debería ser positiva. Pero esto es una apreciación personal, relacionada con mi odio a las grandes editoriales así que les doy el permiso de desecharla si así lo desean.

Por último, y teniendo en cuenta cosas como ésta y ésta que, curiosamente, no se publicaron en CLARÍN, ¿no sería mejor que los defensores de la cultura se preocupasen por defenderla en su totalidad, y no en parcialidades ideológicas?

Ahora putéenme todo lo que quieran. Me despido con una frase de Ricardo Piglia:

En ese universo saturado de libros, donde todo está escrito, sólo se puede releer, leer de otro modo. Por eso, una de las claves de ese lector inventado por Borges esa es la libertad en el uso de los textos, la disposición a leer según su interés y su necsidad. Cierta arbitrariedad, cierta inclinación a leer mal, a leer fuera de lugar, a relacionar series imposibles.


NOTAS ORIGINALES EN LA NACION, CLARIN, FORTUNAWEB y ÁMBITO FINANCIERO



jueves, 9 de febrero de 2012

¿Cómo armar nuestra biblioteca digital?


[nota extraída de La Nación]




El 6 de septiembre último falleció el estadounidense Michael Hart, un hombre que pasó inadvertido para el público en general, pero que dejó un legado invalorable: en 1971 (a los 24 años) creó el Proyecto Gutenberg, el primer esfuerzo a gran escala para digitalizar textos de dominio público en varios idiomas.

Lo que Hart definió fue ni más ni menos que el libro electrónico, tan en boga en estos días. 40 años después el Proyecto Gutenberg ( www.gutenberg.org ) continúa su labor: ofrece más de 38.000 textos clásicos en múltiples idiomas, incluyendo el español, en formatos como ePub o AZW.

¿Qué son estos formatos? Aunque los e-books existen hace ya tiempo, fue recién en la última década en que se popularizaron los lectores de libros electrónicos, dispositivos orientados específicamente a la lectura de textos, y que usan pantallas especiales, de bajo consumo de energía y gran visibilidad, ya que no tienen luz propia y por lo tanto no cansan la vista.

El ePub es un estándar abierto compartido por varias compañías; el AZW, el formato elegido por Amazon para su lector Kindle, el más popular hoy desde su lanzamiento en 2007. Son, junto con el PDF (y eventualmente el documento de Word) las opciones más tradicionales para tener un libro digital y leerlo en un dispositivo compatible.

Los lectores de e-books se dividen en dos grupos. Por un lado están los dispositivos: los Kindle de Amazon, los Papyre que Grammata vende en la Argentina, los Nook de Barnes&Noble para Estados Unidos, la línea Reader de Sony y otros. No hacen mucho más que permitir leer los textos digitales. Algunos suman un reproductor de música y un navegador Web básico; y herramientas para anotar los textos o buscar palabras en el diccionario interno. Usan pantallas de tinta electrónica que en general rondan las 6" de tamaño.

Por otro lado, están los lectores en forma de software, ya que no hay nada que impida que una computadora de propósito general (como una PC, una tablet o un smartphone) se comporte como un lector de ebooks.

Microsoft fue pionero con su software Reader, disponible a principios de la década pasada, compitiendo con Mobipocket ( www.mobipocket.com , todavía en uso), que provee software para móviles con sistema operativo BlackBerry, Symbian o Palm OS.

Pero están lejos de ser los únicos. Amazon ofrece gratis su software Kindle para las plataformas más populares (Windows, Mac, iOS, Android, Windows Phone 7 y BlackBerry; www.amazon.com/kindle ) y un lector basado en la Web. Todos permiten adquirir los títulos que ofrece en su tienda. Usa un formato propietario, así que los libros comprados allí sólo se pueden usar en el Kindle (físico o virtual).

Apple, por su parte, tiene su tienda y software iBooks, que usa el estádar ePub (y admite PDF). La compañía, además, presentó la semana última iBooks Author, una suite de herramientas para crear libros para su plataforma (su formato está basado en ePub, pero no es compatible con otros dispositivos).

El formato ePub funciona también en los dispositivos de Grammata y en la tienda y aplicación Kobo ( www.kobobooks.com/smartphones ), gratis para iOS, Android y BlackBerry (móviles y tablet, en los tres casos).

Aldiko ( www.aldiko.com ), por su parte, es un software gratis para leer ePub y PDF en Android. Para móviles con Symbian^3 y para el Nokia N9 está FBReader ( www.fbreader.org ), que también tiene una versión para Android y para más sistemas operativos.

Una alternativa experimental es Bookworm ( http://bookworm.oreilly.com, gratis), un lector online: se cargan los libros en formato ePub en un sitio y se accede a él desde una PC, una tablet o un smartphone usando el navegador Web del dispositivo.

Para la PC y la Mac también está Adobe Digital Editions ( www.adobe.com/es/products/digitaleditions/ , gratis), una herramienta esencial para administrar los libros digitales, que también puede funcionar como lector.

Comprar libros

Adquirir un libro electrónico es sencillo. El Kindle permite comprar las obras desde el mismo dispositivo; tiene un listado organizado por género, y un buscador, y la compra se hace con un clic y una confirmación. Funciona en la Argentina, aunque requiere una tarjeta de crédito de validez internacional. Algunos modelos de la línea Papyre de Grammata también permiten esto.
Uno de los elementos atractivos del Kindle es que la biblioteca se sincroniza a través de todos sus dispositivos, y permite retomar la lectura si se cambia de equipo (del lector al smartphone, por ejemplo) sin perder la página en la que estábamos. Una de las contras para nuestro país es que la oferta en español es exigua.

La tienda de Apple funciona de manera similar, con la ventaja de que usa el formato ePub, lo que permite mover el libro de un dispositivo iOS (una iPad) a otro, como una tablet o un lector de e-books de otra marca.

La mencionada Kobo ( www.kobobooks.com ) permite comprar libros en formato ePub, que se sincronizan con el software que provee la tienda. Es posible adquirir los libros desde la aplicación instalada en una tablet o smartphone. Google tiene su tienda (http://books.google.com), pero en el país sólo ofrece contenido gratis.

También hay librerías con contenido en español: la de Grammata ( www.grammata.com.ar ), Bajalibros ( www.bajalibros.com , que también tiene una aplicación para dispositivos Android), Librerías Santa Fe ( www.lsf.com.ar ), Boutique del libro ( www.boutiquedellibro.com.ar ), la tienda de Movistar ( https://ebooks.movistar.com.ar , no es necesario estar abonado a su servicio), Musimundo ( www.musimundo.com.ar ) y Todoebook ( www.todoebook.com ), entre otras. En el sitio El Club de Ebook ( www.clubdelebook.com/descargas/ ) hay, además de otros recursos, una lista de sitios con libros gratis, en español y legales.

En las librerías mencionadas es posible comprar un e-book, descargarlo a la computadora y luego sincronizarlo con el dispositivo en el que lo queremos leer. El proceso de compra es similar al de cualquier otro objeto en un sitio de comercio electrónico; una vez que elegimos el título que queremos, deberemos registrarnos e ingresar los datos de la tarjeta de crédito. Los abonados al servicio de banda ancha de Speedy pueden cargar la compra de libros a su factura mensual o pagarlo con su cuenta de Telefónica o Movistar. Grammata y Bajalibros admiten, además de la tarjeta de crédito, el uso de servicios como Pago Fácil o Rapipago; las tiendas Librerías Santa Fe y Boutique del Libro usan también el servicio DineroMail.

Antes de la adquisición, sin embargo, habrá que instalar en la computadora el Adobe Digital Editions y crear un usuario de esta aplicación. Lo que hace la aplicación de Adobe es gestionar los derechos sobre el libro electrónico, ya que hay dos tipos de e-books: los que no tienen control de copia (por lo general, textos de dominio público) y los títulos comerciales, que sí suelen tenerlo, y que limitan la sincronización del contenido a seis dispositivos. La creación de un usuario en el servicio de Adobe servirá, además, para validar una compra si falla el disco rígido de la PC.

Cuando se quiera comprar un libro desde una tienda online, habrá que registrarse en el sitio correspondiente (para que tome los datos de nuestra tarjeta y demás) y luego, al cliquear en el botón de descarga del libro, se debería abrir el Adobe Digital Editions (ADE) y mostrar el libro en su biblioteca. Si lo que ofrece el sitio es un archivo URLLink.ASCM, hay que pedirle a Windows o a OS X que lo abran con el ADE.

Así aparecerá en nuestra biblioteca digital el libro. Al conectar vía USB un lector compatible (incluyendo un smartphone o una tableta con una aplicación instalada) aparecerá en la lista del ADE, y será cuestión de elegir los títulos comprados para copiarlos hacia o desde el dispositivo, sin importar si vienen de tiendas diferentes. La ventaja de las aplicaciones o dispositivos que tienen su tienda incorporada (como Kindle, iBooks o Kobo) es que simplifican este proceso.
La mayoría de los lectores admite PDF, documentos de Word, páginas HTML, archivos de formato PRC (para los libros de los antiguos equipos de Palm) y otros formatos más esotéricos de libros electrónicos.



martes, 7 de febrero de 2012

Los peligros ocultos del Kindle

 




[OPINIÓN PERSONAL]

Quizá por eso la industria no se ha metido con Amazon, digo, por esto de que sigue segmentando la cultura según países. Y es curioso que, viéndolo a través de la comercialización digital, entendamos el sinsentido (valga el oxímoron) de la segmentación.

¿Y si nos preguntamos por qué no puedo suscribirme a varios países? Es una pregunta que no tiene una respuesta lógica.


[nota extraída de Club del eBook]


Esta nota Peter Köllner traducida por Manuel Haj-Saleh alerta sobre la experiencia de comprar libros y revistas en Amazon. Contrariamente a lo que pasa con los libros impresos, Amazon sigue siendo dueño del material comprado y libre de desactivarlo en caso de que el cliente cambie el seteo de su país. Recomiendo a todo usuario de Kindle (o próximo a comprarlo) leer esta aventura kafkiana:

El último año estuve viajando mucho por motivos de trabajo, y dado que en el equipaje de mano dejan muy poco espacio para la literatura de viaje, me hice después de indagar un poco a principios del verano con un Kindle 3 (teclado y WLAN). El aparato funcionaba inmejorablemente y con Calibre también se podían convertir EPUB y otros formatos en el interno “Mobi”, de modo que decidí que eso bastaría.
Por aquel entonces mi dirección de envío estaba asociada a Amazon USA, de manera que pedí allí el dispositivo, que llegó con relativa rapidez. Tiempo después ya no necesitaba tanto espacio en las estanterías; algo que a mi esposa también le agradó.

En verano descubrí que para el Kindle también podías suscribirte a “2600 – The Hacker Quarterly” y, tras una plaga de insectos que me obligó a deshacerme de gran parte de los libros en papel que tenía en cajas de mudanza, decidí pasarme completamente a los eBooks.

Con el tiempo me surgió la primera duda de si Kindle era la plataforma adecuada para mis propósitos, cuando resultó que muchos de los libros y revistas que podía encontrar en la tienda de Amazon alemana no se podían comprar en la tienda de EEUU, a la que tenía asociado mi Kindle.

A finales de noviembre pedí pues, a modo de prueba, una suscripción electrónica de Analog SF puesto que, tras tirar a la basura las cajas con los diez últimos años, incluyendo un cargamento de huevos y larvas de insectos, ya no me entusiasmaba tanto el hecho de acumular físicamente papeles.

Al poco abrió Amazon su tienda en España, en la que pude encontrar relativamente rápido un par de obras en español que me interesaban y que no estaban a la venta en Amazon.US. Cuando se quiere comprar con un Kindle registrado en EEUU en una de las otras tiendas nacionales de Amazon, lo primero con que se topa uno es con un cuadro de diálogo que le explica que para comprar cualquier eBook allí hay que cambiar el registro del Kindle a esa tienda. Cuando aceptas eso, se ve un segundo cuadro explicativo que te informa de que, al hacerlo, todas las suscripciones que tenías finalizan… y con ello también el derecho de acceder a los números anteriores. Esto lo entendí como una intromisión espeluznante en mi derecho a la libertad de información… y, por supuesto, lo rechacé.

Investigación con ejemplos
Acto seguido escribí al servicio al cliente de Amazon USA para saber qué es lo que realmente habían pensado, al cortarme el acceso a una gran parte de los libros disponibles con su concepto de tienda — independientemente de la tienda en la que registre mi aparato. La respuesta fue educada, pero por desgracia de ninguna ayuda. A continuación expliqué en mi contrarréplica, de nuevo y con insistencia, que ese recorte de mi acceso a fuentes mundiales de información era para mí absolutamente inaceptable. Al final se pone uno en el peor caso de esta práctica comercial y será imposible comprar cualquier libro que salga al mercado fuera de las propias fronteras territoriales — la pesadilla de un mundo intelectualmente parcelado en el que igualmente sería un delito grave el contrabando de libros. Ya existen enfoques en esa dirección y se irán expandiendo continuamente.

Una vez comprobé que no llevaba a nada retrasar la decisión, hice una investigación con ejemplos y en la tienda de Amazon España compré la versión Kindle de un eBook sobre la creación de cooperativas… lo que sólo era posible si registraba mi Kindle en España. A continuación Amazon retiró (a mí y a los editores) mis suscripciones de la revista 2600 y la reciente de Analog SF. En España no existe ninguna de las dos, con lo que para mí no hay posibilidad de solicitarlas de nuevo. Igualmente se bloqueó el cambio continuo de país:

Cuando migre de Amazon.com a Amazon.es se cancelarán sus suscripciones en Amazon.com puesto que las suscripciones están enlazadas con el dispositivo que registre en nuestra tienda. Puesto que las suscripciones no podrán enviarse a su dispositivo, se cancelan automáticamente.
Quisiera hacerle saber que una vez migre de Amazon.com a Amazon.es y si usted vuelve a migrar a Amazon.com, no podrá migrar de nuevo a Amazon.es

—De la última respuesta del servicio al cliente de Amazon—

Desde entonces mi satisfacción como cliente de Amazon no está precisamente en un camino de rosas. Anteayer pasó además algo que fue “la gota que colmó el vaso”: Amazon me envió publicidad de libros para Kindle en la tienda de EEUU, ¡en la que ya no puedo comprar!

¿Qué ocurre al cerrar una cuenta de Amazon?
Después de aquello di de baja el Kindle de mi cuenta y volví a escribir al servicio al cliente de Amazon, para decirles que a partir de ahí quería cerrar mi cuenta de usuario de Amazon, con más de diez años, en todo el mundo. Hoy llegó la respuesta: que lo harían, pero que debería considerar que entonces perdería el acceso a todos los servicios adicionales:

Algunas cosas a tener en cuenta:
— Si usa sus datos de acceso de Amazon.com en otros sitios (p.e. Endless.com, Audible.com, etc.), también perderá el acceso a esas cuentas.
— Cualquier pedido en curso se cancelará.
— Si le queda saldo en una tarjeta regalo de Amazon, no podrá acceder al uso de esos fondos.
— No se pueden procesar devoluciones ni reembolsos en los pedidos de cuentas cerradas.
— No podrá descargar de nuevo el contenido de Kindle que compró con esta cuenta.
— Su cuenta de Amazon Payments se cerrará y no podrá ser abierta de nuevo.
— No tendrá ya acceso a sus cuentas de Associates, Amazon Web Services, Corporate, Seller, Author Central y/o Mechanical Turk.
— Si tiene una cuenta de Amazon Web Services, por favor contacte con el servicio al cliente de AWS para que le ayuden a cerrar su cuenta de AWS […]

Bueno, algunas de esas cosas son perfectamente comprensibles, pero en conjunto quedan bastante claros los peligros a los que se dirige uno cuando se entrega a este tipo de modelo de negocio. Solamente he perdido algo más de 20 libros, que hube de comprar de nuevo si quería leerlos en un lector de e-Books libre. Por lo demás no he usado nada del entramado de Amazon.

Si quisiera cubrir todas mis áreas de interés en un mundo en el que los libros se obtuvieran a través de Amazon, tendría que registrar media docena de Kindles bajo direcciones “conspiradoras” en todas las tiendas correspondientes y en lugar de libros tendría que cargar con mi colección internacional de Kindles en los viajes.

Y ya no imaginemos, si tras veinte años de uso intensivo del Kindle tuviese alguna razón para cerrar mi cuenta de Amazon… Por el contrario, casi que preferiría con gusto comprarme otra pequeña plaga de insectos. Por el momento vuelvo a estar a la búsqueda de un lector de EPUBs técnicamente adecuado y que no me encadene a una cadena de librerías del tipo que sea.


Publicado con el título “Adieu, Kindle” de acuerdo con la licencia Creative Commons CC-BY 3.0 estipulada por el autor.

viernes, 3 de febrero de 2012

Algunos tips para acceder a la cultura

No es ninguna novedad que se puede acceder a incunables a través de la red. Incluso ahora, mientras explotan los libros digitales (tengo uno, prolijamente ruteado para convertirse, además, en una tablet barata) y aunque el establishment está haciendo + presión para reventar links y sitios donde se comparta material.

Acá, en Hino Hotaru, pueden (o podían) encontrar muchos libros, algunos no están disponibles porque fueron prolijamente voleteados por la censura. Y, aunque algunos están escritos por personas que caminan por la vereda de enfrente, igualmente recomiendo ir bajando los que puedan.

Después, en Proyecto INACAYAL, tenemos una bilioteca más amplia. Mejor dicho, teníamos, porque también ha sufrido los temblores de la caída de MEGAUPLOAD, luego de la cual, 4SHARED también ha decidido cerrar sus puertas para evitar prisiones, multas o lo que fuera.

Les recuerdo que todavía nos quedan los P2P, los TORRENTS e, incluso, intercambiar archivos por USB.

No se rindan.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Visibilidad vs. Rentabilidad

[EXCELENTE nota extraída de La Soledad del Deseo]

Leo una entrevista reciente que Gema Ponce le hacía al editor Jesús Ortiz -aquí-, en la que éste contestaba que: “Hemos logrado un reconocimiento web muy notable en relación al tamaño de la empresa [Editorial Mil Razones]“, para inmediatamente matizar: “pero no hay correlación entre esto y las ventas en la librería”. Y es que dice el editor santanderino que:

“Desde mi punto de vista lo que hay es una colisión de dos mundos, porque hay gente que predominantemente compra libros pero no usa internet para su ocio, y otra gente que usa internet pero no adquiere libros”

Pensando sobre el asunto de la red y del comercio-y lectura- de los libros, encuentro un artículo de María Virginia Jaua en salonKritik en el que (referente al libro electrónico) dice ésta que:

“Pero cuando se argumenta esto como un efecto negativo que conlleva la tecnología [que la lectura ya no será igual como antes], se suma a la afirmación de que la distribución del libro electrónico no asegura que la gente lea estos libros, o los lea “bien”. Sin embargo, tampoco las ventas del libro en papel nos pueden asegurar que sean leídos y mucho menos “bien leídos” (mucha gente compra libros y los atesora pero sin abrirlos jamás mucho menos leerlos). Y aquí debemos hacer énfasis que el libro en papel está sumido en una lógica de producción capitalista que dista mucho de estar interesada por la calidad de la lectura [1]“

Tengo claro desde hace algún tiempo que la disponibilidad de libros en la web no garantiza que se lean; pienso que ese no es el problema, además. Sin embargo, que no estén a mano, especialmente de manera física sí que es un problema, pues la gente -por razones que sería bastante arduas de explicar, pero que de modo intuitivo se entienden fácilmente- todavía se fía del papel, de su materialidad, de la creencia de que en su fabricación ha habido un gasto y que, por lo tanto, tienen cierto valor. No existe, a mi entender, la misma percepción con lo digital. Lo digital, por razones de hábito y costumbre, se entiende si no como gratuito sí como libre, como algo que se comparte y difunde libremente. Todavía -creo- no se ha generado la conciencia de que lo digital se ha de pagar y ello condiciona la idea de que estos productos digitales no tiene valor; no, al menos, en España. Esto sería diferente en otros países, claro.

Pero esto no es, en realidad, de lo que quería hablar, sino de la repercusión que tiene un libro en la web. Sospecho que de los libros de los que no se habla no sólo no se venden, si no que no existen. Son libros que quedan relegados al círculo cercano (familiar/laboral/afectivo) del autor y cuyas ventas e incidencia en el sistema literario no es que sean periféricos, sino desestimables. Otra cuestión es la que afecta a autores que ya tienen consolidada una reputación y unos lectores, para los que tal repercusión mediática es menos capital. Por supuesto que tales autores suelen tener sus canales de información y sus modos de contacto establecido con sus lectores, bien a través de los periódicos en los que escriben, sus twitters y facebooks y los de sus respectivas compañías, etc En cualquier caso, cuentan con el apoyo promocional que les brindan los deptos. de marketing y prensa de sus editoriales, cuyos targets están perfectamente definidos y resultan eficaces y suficientes.

Por contra -y aquí yace la paradoja-, que se hable de un libro en la web (nos referimos a un libro con una tirada breve -500/1000 ejemplares- y de un autor poco conocido) tampoco garantiza su venta, ni menos aún su incidencia en el sistema literario vigente. Sin embargo, como lectores, necesitamos constatar la presencia digital de un título para reparar en él, puesto que la lectura de suplementos en papel cada vez está más limitada a personas de cierta edad. Y es que las personas de menos de cuarenta años, en general, encuentran la información literaria preferentemente en la red (y no en la radio o en la tv o en los suplementos culturales, como sucedía antes). De ahí que las editoriales busquen amigarse con los bloguers y los críticos de los medios digitales, gente que, en general, no proviene del papel, sino que han comenzado a realizar su labor directamente en la web. Las editoriales ya se han dado cuenta de que el hecho de que bloguers y críticos literarios hablen de sus libros no les va a garantizar la venta, pero paradójicamente si estos no hablan de sus libros, sus publicaciones no existen para el público lector (para un porcentaje cada vez más amplio del público lector). Se han convertido pues en escollos necesarios, imprescindibles diría yo.

Y ahora llegamos al punto que me interesa: cómo determinar la influencia de blogueros y críticos que publican sus reseñas o textos valorativos en revistas digitales (no en revistas y suplementos analógicos que son volcados posteriormente, sino en ediciones digitales de revistas o blogs personales). Es tarea complicada. Yo diría que, en líneas generales, sería imposible atribuir a ninguna persona en particular el buen o mal desarrollo comercial de un libro, ni tampoco a una revista. Sin embargo, sí que percibo que las recepciones primeras de un libro condicionan (para bien o para mal) la respuesta futura de otros críticos y lectores al mismo. Siendo así, la responsabilidad de las revistas digitales y de los bloguers se hace notar. Y es por esta razón por la que se debería exigir a estos más cuidado, reflexión y mesura en sus críticas (tanto sean positivas como negativas), pero sobre todo justeza. Y no sólo por lo que respecta a la vida comercial de un libro (que es lo que preocupa a las editoriales), sino en lo que atañe a la posición de los libros y de los autores en el sistema literario de un país o de una lengua, su inclusión o no y la (re)acomodación de lo pre-existente.

En estos tiempos en los que el paradigma dominante parece ser el de la debilidad y la ausencia de compromiso con lo dicho, pensado o manifestado, se hace más necesario que nunca que nos tomemos la responsabilidad de construir entre todos un discurso que no sólo sea válido, sino equitativo y, esencialmente, justo. Debería penalizarse de alguna forma a quienes juzgan con una ligereza mayestática, a quienes se apresuran por ser los primeros en decir algo, a quienes no tienen el menor miramiento en calumniar, sojuzgar sin argumentos y difamar. Y, del mismo modo, se debería reconocer lo contrario: el trabajo bien hecho. No todo puede tener el mismo valor ni acaso ser considerado en igual posición jerárquica. De ser así, nunca conseguiremos salir del igualitarismo, esa perversa tara heredada de la democracia más ramplona. De ser así, además, nunca cambiará la percepción que la gente tiene de lo publicado en Internet y, por lo tanto, no conseguiremos que tenga una incidencia real en la cadena de valor del libro, más allá de servir como escaparate, sustituyendo el papel que antaño tenían las mesas de novedades de las librerías.

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[1] María Virginia Jaua. El libro en tiempos del capitalismo electrónico. SalonKritik. 15-Enero-2012.

martes, 31 de enero de 2012

Kindle Touch, el final de la impresión (me gusta más el Nook Simple Touch)

Kindle Touch

[nota extraída de Omicrono]

Atraído por las ganas de retomar mi vicio por leer, postergado en favor de otros quehaceres tecnológicos, me decidí estas navidades a comprar uno de los nuevos Kindle de Amazon. Les había seguido la pista desde los primeros modelos pero, ya fuera por el precio del dispositivo o por la disponibilidad de material en español, no me acababan de convencer. Supongo que gracias al impacto de ventas que tuvo el modelo anterior hace unos años todo ha cambiado –o sea, las editoriales y tiendas online, añadiendo contenido en formato digital–. Así que, ya convencido, decidí que mi ebook tenía que ser el Kindle Touch, que de momento sólo se comercializa en EEUU –¿alguien conoce la excusa?–.

En mi caso, compré el Kindle Touch en la web de Amazon.com, enviándolo al domicilio de un amigo de EEUU –no lo envían fuera del país–, pero recientemente he descubierto una tienda online en España donde lo puedes comprar a muy buen precio. Descarté la versión 3G/WiFi, ya que la conexión de datos gratuita de Amazon sólo sirve para comprar libros, y para cuando necesito conectar con la tienda fuera de casa lo hago a través de la WiFi, conectando por tethering con el 3G de mi smartphone.

Resumiendo, compré la versión WiFi con la promoción de publicidad, que básicamente consiste en que te descuentan 30 dólares y a cambio te cambian los salvapantallas –lo que sale cuando el Kindle está en reposo a pantalla completa– por publicidad elegida por Amazon –se descarga y actualiza cada vez que se conecta a Internet–. También, a pie de página del menú principal –pero no dentro de los libros– te añade un banner de publicidad. Posteriormente puedes pagar esos 30 dólares y te desactivan la publicidad.

Características y ventajas del Kindle Touch

Primero de todo, me atraía que fuera un dispositivo táctil. Todas las versiones anteriores incluían un teclado qwerty físico, algo que al final sólo usas en contadas ocasiones y que añaden un espacio y tamaño extra al dispositivo. Yo buscaba un ebook compacto, tamaño libro de bolsillo y tanto el Kindle 4 como el Kindle Touch cumplían con ese cometido. Lo curioso es que su pantalla no es táctil –creo que no existe esa tecnología en las pantallas de tinta electrónica–, así que recurre a una solución muy curiosa para conseguirlo.

Kindle Touch

El marco de la pantalla del Kindle Touch es más pronunciado que el del resto de modelos, y esto es porque ahí alberga un entramado de emisores y receptores infrarrojos, cuyo fin es detectar dónde se está pulsando sobre la pantalla. Hay que añadir que el sistema detecta dos pulsaciones simultáneas y que se obviamente se pueden hacer con cualquier elemento, ya sean los dedos, los dedos engüantados, un lápiz o lo que sea –super cómodo cuando estás leyendo con los guantes o si no quieres ensuciar la pantalla–.

El resto del dispositivo es muy simple, sólo dispone de un único botón en el frontal, que sirve para llevarte al menú de títulos –y nada más–, el resto de funciones se hacen a través de los menús de la pantalla táctil. En su base se encuentra el botón de encendido/apagado o modo reposo –quizás demasiado hacia afuera que facilita pulsarlo por error–. Al lado está el conector para auriculares –para los que gusten de escuchar música mientras leen–. Por último el conector micro USB que sirve para recargar su batería y para conectarlo al ordenador. Casi no se ve, pero en esa base hay un led que nos indica el estado de la batería cuando se está recargando. Por detrás nos encontramos la zona de contacto metálica, para si le pones la funda oficial con luz, que se alimenta del Kindle. También está los dos altavoces exteriores.

Kindle Touch

Sus características más destacadas, además de sus extras frente al otro modelo son:

  • Sólo pesa 213 gramos, repartidos en unas dimensiones de 17×12 centímetros, con sólo 1 cm. de grosor. Se nota muy cómodo en la mano y el tamaño coincide con lo que viene siendo un libro de bolsillo.
  • Tiene un diseño compacto, sin un sólo tornillo –quizás sea una pega porque dicen que si se abre lo rompes– y la parte trasera tiene un tacto antideslizante.
  • La pantalla es de 6 pulgadas y a primera vista puede parecer pequeña, pero su calidad de texto es impresionante. Recordemos que es una pantalla con tinta electrónica –E Ink–, por lo que no refleja la luz directa y el ángulo de visión es perfecto. Piensa como si estuvieras leyendo sobre un papel impreso, casi blanco –con una tonalidad grisacea–.

Kindle Touch

  • Frente a los otros Kindle –sin contar el Kindle Fire– gana al tener la pantalla táctil, con lo que facilita mucho las tareas de navegación entre el menú, o de remarcar texto.
  • Su memoria de almacenamiento interno es de 4GB frente a los 2GB del modelo con botones.
  • Tiene mejor batería, aguantando 2 meses en consumo moderado –leyendo 30 minutos al día sin WiFi–, frente a 1 mes en la versión con botones.
  • Trae conector para auriculares y altavoces externos.
  • Su sistema incluye opciones extra como el navegador web –no es ninguna maravilla, pero te puede sacar de algún aprieto si no tienes el ordenador a mano–, el reproductor de MP3, el sistema X-Ray o el de escuchar el texto.
  • Dispone de versión 3G/WiFi o sólo WiFi.

Kindle Touch

Mi experiencia con el Kindle Touch

A pesar de disponer de una tablet de Android de 10 pulgadas, soy de ese grupo de personas que son incapaces de leer mucho tiempo un amplio texto en pantalla sin que se me resienta la vista. Reconozco que tengo varios amigos y conocidos para los que esto no supone un problema y, por ende, descartan invertir en un ebook para seguir leyendo. La ventaja de los ebooks como el Kindle está en su pantalla, que nada tiene que ver con la tecnología de cualquier pantalla del mercado, ya que no va retroiluminada y lo que vemos es gracias a la tinta electrónica que, para explicarlo brevemente, es algo parecido a las pantallas de cuarzo líquido de las viejas calculadoras, pero con mucha más calidad y mayor aprovechamiento de la batería del dispositivo.

Realmente acabas leyendo más, o favoreciendo que leas, porque es un dispositivo cómodo que puedes llevar a cualquier lado, e incluir la colección de libros que tengas pendiente de leer –hasta 3000 libros en el *Kindle Touch–. Tiene varias funciones que le confieren un extra frente a un libro tradicional:

  • Una pega del Kindle Touch es que, al no comercializarse fuera de EEUU, todos sus menús están en inglés, sin posibilidad actual de cambio. Sin embargo le puedes instalar diccionarios de otros idiomas y así podrás utilizarlos para consultar palabras de algún libro.

Kindle Touch

  • Si pulsas sobre la pantalla a una palabra automáticamente te la buscará en el diccionario que tengas instalado. Si marcas un texto te permitirá dejarlo marcado como una cita o añadirle un marcador de nota.

Kindle Touch

  • Puedes elegir entre 3 tipos de letras, varios tamaños y la separación entre líneas o de aprovechamiento de la pantalla. Todo para que leas mejor y a tu gusto. Esto lo puedes hacer accediendo al menú de texto cuando le pegas un pellizco a la pantalla para aumentar o disminuir el tamaño del texto o mediante el menú de configuración de texto.
  • El lector te recuerda por donde dejaste la lectura. Cuando lo pones el modo de espera, al pulsar el botón de su base, o cuando salta en modo ahorro de energía por inactividad, al volver a pulsar el botón de encendido aparecerá la página por donde lo dejaste, así que no es necesario apagarlo del todo.
  • Si pulsas en la esquina superior derecha aparece una marca parecida a como si hubieras doblado la página. Puedes poner tantas marcas como quieras.
  • Tanto si marcas una página, como si seleccionas un texto o añades una nota, se quedará almacenado en un fichero en tu Kindle, que luego a través de la conexión por 3G/WiFi se sincronizará con tu cuenta de Kindle. De esta forma todos tus Kindle, o aplicaciones de Kindle, estarán sincronizadas y todas dispondrán de tus notas y por donde dejaste la lectura de un libro.
  • Puedes compartir tus citas y notas con el resto de usuarios de Kindle o incluso publicarlas en Facebook o Twitter, que enlazarán con tu perfil de Kindle en Amazon.
  • Aunque el Kindle Touch de momento sólo esté en inglés eso no quita que su teclado en pantalla contenga todos los caracteres latinos.

Kindle Touch

Peculiaridades del Kindle Touch

  • Un detalle que hay que repetir es que el Kindle Touch de momento sólo se vende en EEUU, así que, si te compras uno y lo registras en la tienda de Amazon.es, no podrás comprar libros en su tienda a través de él. La solución es comprarlos desde la web directamente y automáticamente se sincronizará con tu dispositivo cuando esté conectado a Internet.
  • Otra posibilidad es instalar en tu ordenador la aplicación Calibre, que es una especie de iTunes y que sirve para tener catalogados y almacenados todos los libros sin DRM que hayas descargado. Otra función es la de convertir libros, ya que el Kindle sólo reconoce los libros en formato MOBI y lo normal es descargar los libros en formato EPUB. También sirve para convertir otros formatos de ficheros. De todas formas otra posibilidad en enviarte los libros a tu email de Kindle, y Amazon automáticamente lo convertirá al formato del Kindle y además dejará una copia en tu cuenta en la nube, que tiene un espacio de 5GB. Este método está muy bien porque puedes autorizar el email de tus amigos para que te envíen libros por correo electrónico.
  • No obstante recientemente Amazon ha publicado una aplicación para automatizar el proceso de enviar documentos a tu Kindle, aunque de momento sólo está para Windows.
  • Hay mucha escena detrás del Kindle, casi desde que salió el primer modelo. Le puedes hacer jailbreak para poder instalarle juegos. También, si lo vas a usar mayormente para leer PDF –que todo hay que decirlo, el sistema de Kindle es nefasto para esta tarea–, lo suyo es que le instales Duokan. Con esto consigues un arranque dual que te permite tener el sistema operativo de Kindle y el propio de Duokan, que está pensado básicamente para leer mejor los ficheros PDF.
  • Una de las excelencias de este nuevo Kindle es el sistema X-Ray –de momento sólo lo encontrarás en activado en algunos libros de Amazon.com–, que es como un buscador inteligente dentro del libro, que mostrará lugares y personajes, y te los representará con una gráfica según su importancia y localización. Al pulsar sobre ellos te mostrará donde aparecen en el texto. Esperemos que vayan añadiendo más libros y que se implante en los libros de otros idiomas.

Kindle Touch

No creo que, tal y como se ha vaticinado muchas veces, el final de la impresión esté cerca, pero sí es cierto que con este tipo de dispositivos muchos vamos a dejar de comprar libros de texto en papel.

Os recomiendo visitar el blog de Mi Experiencia Kindle para estar al día sobre las novedades de los ebooks en general, y también apuntarse al foro de Lectores Electrónicos para resolver dudas.

jueves, 26 de enero de 2012

Lectura de ePUB en línea

[nota extraída de CasualLab]

Bookworm es una plataforma que nos permite subir y leer nuestros epub online.


La aplicación es gratuita y una vez registrado y estamos en condiciones de subir nuestros archivos epub, los que irán conformando nuestra biblioteca y a los que podremos acceder en cualquier momento y desde cualquier equipo. El sistema es muy versátil y no tiene mucho que envidiarle a los mejores programas de escritorio. Podremos elegir fuentes, cambiar el tamaño de la letra, optar por el modo de lectura a pantalla completa y determinar que recuerde nuestra última lectura, de modo tal que la próxima vez que abramos el libro sigamos por donde habíamos dejado. En resumen, una excelente aplicación.

sábado, 21 de enero de 2012

¿La licencia de iBooks Author va muy lejos? Nada de lo que produzcas con él puede venderse fuera de iBooks

¿La licencia de iBooks Author va muy lejos? Nada de lo que produzcas con él puede venderse fuera de iBooks

[nota extraída de Genbeta.com]

Que Apple es una empresa muy cerrada es algo que ya sabemos todos. Ese férreo control que ejercen sobre sus productos es visto por unos de manera positiva y por otros como algo pernicioso. Sin embargo, hay que reconocer que en ocasiones se les va “un poco” la mano, como en el caso que nos ocupa ahora: la licencia del programa que sacaron esta semana, iBooks Author.

Las licencias son eso que casi nadie lee pero todo el mundo acepta y a veces esconden sorpresas desagradables, como ha descubierto Dan Wineman, que se tomó la molestia de leerla. ¿Y cual es la sorpresa? Pues que todo lo que hagas con el programa, o lo vendes a través de Apple o no lo vendes. Puedes ofrecerlo gratis donde te venga en gana, pero de venderlo nada.

Pero veamos que es lo que dice. La licencia que aparece en el “About” de la aplicación viene encabezada por el siguiente texto:

NOTA IMPORTANTE: Si usted cobra una tarifa por cualquier libro o cualquier otro trabajo generado usando este software (un “Trabajo”), sólo podrá vender o distribuir dicho trabajo a través de Apple (por ejemplo, a través de la iBookstore) y la distribución estará sujeta a un acuerdo por separado con Apple.

Esta nota ya de por sí escama. Pero si seguimos leyendo, en la sección 2 de la licencia pone:

B. Distribución de su Trabajo. Como condición de esta licencia y suponiendo que usted está conforme con sus términos, su trabajo se puede distribuir de la siguiente manera: (i) Si su Trabajo se ofrece gratis (sin costo), usted puede distribuir el Trabajo por cualquier medio; (ii) Si su Trabajo se ofrece a cambio de un pago (incluyendo que sea parte de un producto o servicio basado en suscripciones) sólo podrá distribuir el Trabajo a través de Apple y tal distribución está sujeta a las siguientes limitaciones y condiciones: (a) se le requerirá llegar a un acuerdo escrito por separado con Apple (o con un afiliado de Apple o subsidiario) antes de que tenga lugar cualquier distribución comercial de su Trabajo; y (b) Apple podrá determinar por cualquier razón y bajo su sola discreción no seleccionar su Trabajo para la distribución.

Traducción de la traducción: lo que he dicho antes, que lo que crees con iBook Author o lo vendes por medio de Apple (de manera que así la compañía se lleva una parte) o no lo vendes. En principio se puede argumentar que, de todas formas, no se puede hacer de otra manera porque el programa genera unos archivos que sólo valen para iBooks. Pero es que también permite generar archivos en los formatos PDF y TXT. Y esos sí se pueden distribuir por otros medios (aunque dudo que nadie pague por un TXT). Eso sin contar con que podría aparecer otra plataforma que permitiese importar los archivos generados con Author.

“Un paso en una dirección preocupante”

Vamos por partes. Como indica en Information Week Mitch Stolz, abogado de la Electronic Frontier Foundation, este tipo de restricciones no son nuevas en el diseño de gama alta y en el software empresarial. Pero lo considera como un paso en una dirección preocupante porque las limitaciones afectan a un programa que facilita el proceso creativo especialmente para el usuario final.

Y es que, como dice Stolz, estas limitaciones no suelen ser habituales en aplicaciones pensadas para usuarios no especializados. Aquí Apple ha introducido de una manera oscura algo que los destinatarios (recordemos que no apunta sólo a las empresas, sino a cualquier tipo de usuario) no se esperan que ocurra: que no tengan control comercial sobre lo que producen.

Esto debe de hacer reflexionar a los autores que quieran utilizar iBooks Author, pues esa “exclusividad” resulta perjudicial para sus intereses. Lo mejor para cualquier autor es poder poner su obra disponible por la mayor cantidad de canales posible. Lo que no es de recibo es que termine atando su obra a un canal debido a la herramienta que ha utilizado para producirla. Y eso sin contar con que, como dice la licencia, podrían no aceptar distribuirla con el simple argumento de “porque yo lo valgo” (no, ni siquiera necesitan argumentos).

Y otro punto: ¿Cómo perseguiría Apple a los infractores? Porque lo dicho en la sección 2 pareciera estar ahí puesto a manera de trampa, preparada para saltar en cuanto pueda y, con que coja a un par de infractores importantes y les calce unas demandas, amedrentar a todo el que intente llevarle la contraria en este punto. Porque perseguir a todos los infractores lo veo más difícil que las persecuciones usuales dentro del ámbito del software.

En resumen, me parece una condición abusiva para con sus usuarios, colocada para aprovecharse de la mala costumbre que tenemos de no leer los términos de las licencias y de la convención de que, habitualmente, las licencias de software para usuario final no ponen límites a la comercialización de lo producido con el programa. Aún me quedan las dudas de que sea aplicable en la práctica, pero eso es otra historia. ¿Y vosotros? ¿Qué opináis acerca de todo esto?

viernes, 13 de enero de 2012

Teoría del poder y el 15M

Me resulta interesante ver un discurso anti imperialista, similar al que es reconocido mundialmente como latinoamericano, en labios de ciudadanos de los "países centrales".

Me sorprende descubrir que durante años han ignorado (u obviado, si se quiere) que la bonanza en sus vidas estaba directamente relacionada con las penurias sufridas "por otros". Pero ahora han sentido en carne propia, luego de la coronación del capital financiero como amo y señor del mundo, la depredación del sistema del que alguna vez fueron beneficiarios.

Entonces todos ven, todos oyen, todos gritan. Y así, navegando de acá para allá (mientras se puede), uno da con ESTAS COSAS.

Fuentes:
Varias

martes, 13 de diciembre de 2011

El canon defiende su negocio

<--- Este aparatito es el que uso pa' leer.

Siempre me ha sorprendido la capacidad represiva que profesa cierta intelectualidad.

Los cambios no sólo le resultan traumáticos sino que, afirman ellos, son nocivos para la sociedad.

¿No es raro ver a supuestas eminencias culturales, defendiendo una industria que de beneficiosa para la cultura parece tener MUY poco?

Según esta nota, habría que eliminar los libros digitales porque fomentan la piratería (recordemos: se considera piratería cuando obtengo un BENEFICIO MONETARIO, de lo contrario estoy compartiendo cultura, es decir, información).

Parece que el Hombre de Cromagnon camina entre nosotros...

Fuentes:
ALT1040
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